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MILITARES.

Fuente: ... //DESDE ESTE LADO DE LA TRINCHERA// ....
19 del 5 de 2017


Hasta hace poco m√°s de un mes, yo no conoc√≠a para nada al se√Īor Pa√ļl y a su obra. Eso es algo que hay que tener en consideraci√≥n. Hay tambi√©n que tener en consideraci√≥n que a finales del Gobierno Militar yo era un opositor al r√©gimen: cre√© y presid√≠ movimientos de independientes que estuvieron por el NO y que posteriormente estuvieron por la democratizaci√≥n de Chile y por la candidatura del presidente Aylwin. Eso es tambi√©n es un hecho. Y tambi√©n es un hecho que como candidato a parlamentario, en la elecci√≥n del a√Īo 89, hice la petici√≥n de investigaci√≥n y castigo de las violaciones de derechos humanos ocurridas durante el per√≠odo del presidente Pinochet una parte central de mi discurso de esa √©poca. Eso tambi√©n es un hecho.
Por lo tanto, esos tres hechos sumados me obligan a explicarles por qu√© hoy, con complacencia y honor estoy aqu√≠. Porque parece un contrasentido, pero es un contrasentido bastante f√°cil de explicar. A partir del a√Īo pasado, la evoluci√≥n de Chile comenz√≥ a producirme creciente inquietud, creciente malestar, y eso se tradujo en que me escocieron las manos y comenc√© a escribir peri√≥dicamente art√≠culos que hac√≠a con ellos lo √ļnico que pod√≠a hacer, que era enviarlos a El Mercurio, concretamente. Algunos los publicaron, otros no los publicaron. Pero los que publicaron bastaron para que comenzara a menudear en mi oficina una lluvia de comentarios, incluso de visitas personales de gente que quer√≠a rebatirme o reafirmarme, y sobre todo dar opiniones ‚ÄĒque era lo m√°s valioso de todo‚ÄĒ respecto a muchos aspectos que intu√≠an tocados y que motivaban mi actividad. Esta lluvia de comentarios comenz√≥ a preocuparme en cuanto muchos de ellos proven√≠an de miembros en retiro de las FF.AA. y eso empez√≥ a generar en m√≠ la creciente sensaci√≥n de que se hab√≠a producido un abismo de resentimiento, de desconfianza, entre la sociedad civil y la sociedad militar. Esa situaci√≥n llego a su c√ļspide con la celebraci√≥n ‚ÄĒvergonzosa a mi juicio‚ÄĒ del cuadrag√©simo aniversario del movimiento militar de 1973. Esa celebraci√≥n, que fue para m√≠ personalmente muy dolorosa, motiv√≥ un art√≠culo especialmente melanc√≥lico, podr√≠amos llamar, dedicado al tema de la falsificaci√≥n de lo ocurrido en 1973 y del significado del antes y despu√©s de lo que entonces hab√≠a ocurrido.
Ese art√≠culo hizo que la llovizna de comentarios, se transformara en una lluvia persistente. Y comenz√≥ a aparecer ante mis ojos toda la amplitud del abismo que yo hab√≠a sospechado. Eso motiv√≥ que yo, ya francamente inquieto, decidiera hacer una peque√Īa recopilaci√≥n de los argumentos que hab√≠a escuchado respecto a por qu√© se hab√≠a producido este abismo. Y escrib√≠ un art√≠culo que nunca vio la luz p√ļblica sobre el tema este del resentimiento militar, producto del tratamiento que hab√≠a tenido el problema de los derechos humanos durante los veinticinco a√Īos de democracia despu√©s de la salida del general Pinochet. Este art√≠culo lo conoci√≥ el se√Īor Pa√ļl porque, si bien nunca fue publicado, yo se lo mand√© a un par de amigos que hab√≠an participado y me hab√≠an ayudado en esta peque√Īa investigaci√≥n ‚ÄĒllam√©mosla, de motivos‚ÄĒ y alguno de ellos ‚ÄĒ√©l no me quiso decir quien‚ÄĒ le habr√° traspasado una copia, porque √©l lo ley√≥ y se sinti√≥ movido a visitarme; y esto, hace 5 semanas. Las razones por las cuales se sinti√≥ movido son, y creo que es mucho m√°s f√°cil que yo lea la parte del art√≠culo al que me refiero. Este art√≠culo se compone de una introducci√≥n que, como es corta, la voy a leer tambi√©n, porque creo que sit√ļa a lo que sigue en su debido contexto. El art√≠culo se titula ‚ÄúMilitares‚ÄĚ.
Desde que existe historia de naciones y estados, es posible apreciar como todos ellos, sin excepciones, han tenido que adaptarse y resignarse a la siempre dif√≠cil convivencia con dos grupos internos que, siendo imprescindibles, llevan una vida segregada regida por costumbres, reglas, pr√°cticas y hasta √©ticas distintas de las del resto de sus conciudadanos, y ello por la naturaleza y praxis propias de sus funciones: esos grupos son el de los militares y el del clero. La historia tambi√©n nos ense√Īa que la incomprensi√≥n o el desconocimiento de estas insoslayables diferencias han conducido, en numerosas ocasiones, a amargos y prolongados conflictos.
Cuando un ciudadano abraza la carrera militar, pone su vida a disposici√≥n de la irrestricta defensa de su patria y de sus conciudadanos y abdica de numerosos derechos que asisten a sus compatriotas. Para √©l no habr√°n horarios m√°ximos ni derecho a huelga o siquiera manifestaci√≥n, no habr√° oportunidades de fortuna ni de carreras mete√≥ricas. M√°s trascendentalmente a√ļn, debe renunciar a buena parte de su libre albedr√≠o porque, siendo el acatamiento ciego y la coordinaci√≥n perfecta requisitos indispensables para la eficiencia b√©lica, es necesario postergar los instintos y la conciencia individual en aras del sacrosanto principio de la obediencia debida. En reconocimiento de las important√≠simas restricciones que la vida militar impone a sus cultores, y atendida la insoslayable necesidad de ella, todos los estados le otorgan y le han siempre otorgado un estatus especial, con sus propias leyes, sus propias tradiciones, sus propios tribunales, su propia previsi√≥n y hasta su propia √©tica. Todo ello porque ser√≠a impensable regir un universo tan diferente con las mismas reglas y criterios con que funciona el resto de la sociedad.
En tiempos normales, las enormes diferencias entre el mundo militar y el mundo de los civiles no generan mayores problemas, básicamente porque se mantienen separados hasta físicamente. Pero cuando, por las circunstancias que sean, los militares se transforman en soporte directo de un gobierno, los roces entre los dos sistemas de vida se multiplican y derivan en conflictos de dolorosas consecuencia. Es precisamente lo que ocurrió en Chile durante el largo régimen liderado por el general Augusto Pinochet.
Esta es la introducci√≥n. Ahora vayamos a la parte que conmovi√≥ a nuestro amigo Pa√ļl. Dice:
Basta esta sucinta reflexión sobre lo que todos sabemos para sospechar la anchura y profundidad del abismo que se ha creado entre la sociedad civil y el mundo castrense a raíz del tratamiento que le ha dado la nueva democracia chilena a las violaciones de derechos humanos ocurridas durante ese periodo. Y ello por razones tan numerosas como evidentes, que voy a leer y que son un extracto de lo que digo:
‚Äď        Porque, en base a dudosas argumentaciones, se arrastr√≥ a tribunales civiles a muchos que debieron ser juzgados en su propio √°mbito militar.
‚Äď        Porque, en base a otros dudosos argumentos, se eludi√≥ la ley de amnist√≠a y se anul√≥ incluso el l√≠mite de tiempo mediante el inveros√≠mil expediente de considerar la desaparici√≥n como delito de secuestro permanente.
‚Äď        Porque muchos militares fueron condenados por los mismos tribunales civiles que fueron mas culpables que ellos como instrumentos de los cr√≠menes del r√©gimen al que obsecuentemente sirvieron.
‚Äď        Porque casi ninguno de los verdaderos responsables volitivos de esos cr√≠menes desfil√≥ ante los tribunales de justicia.
‚Äď        Porque hoy, a cuarenta a√Īos de los hechos, se sigue acosando a muchos que eran subalternos de subalternos en aquella √©poca.
‚Äď        Porque se hizo tabla rasa del dogma de la obediencia debida, que hasta los aliados respetaron despu√©s de la Segunda Guerra Mundial, y a pesar del mayor genocidio que conoce la historia de la humanidad (solo se juzg√≥ y conden√≥ a aquellos en que se pudo demostrar que ten√≠an el libre albedrio suficiente para evitar los cr√≠menes en que participaron).
‚Äď        Porque la casi mitad de Chile que casi logr√≥ prolongar el r√©gimen militar hace veinticinco a√Īos enmudeci√≥ y desapareci√≥ como por encanto cuando lleg√≥ la hora del ajuste de cuentas. Hoy es tan dif√≠cil encontrar un pinochetista como fue dif√≠cil encontrar un allendista a los pocos meses de gobierno castrense.
‚Äď        Porque el aprovechamiento pol√≠tico del asunto de los derechos humanos lleg√≥ a l√≠mites repugnantes el pasado septiembre, en que, con la propia colaboraci√≥n del gobierno, se falsific√≥ la historia en forma que el propio Homero habr√≠a envidiado. Esta alusi√≥n a Homero se refiere a que los griegos se demoraron entre tres y cuatro siglos en mitificar la probablemente insignificante Guerra de Troya, en el poema √©pico m√°s famoso de la humanidad. En Chile, en solo veinticinco a√Īos han mitificado lo ocurrido hace cuarenta a√Īos, en una forma que no la reconocemos los que la hemos vivido.
‚Äď        Porque ver a los comunistas embanderar el penal Cordillera cuando su partido es miembro centenario de un panel internacional autor de los peores cr√≠menes contra los derechos humanos que se conocen, es una afrenta insoportable para los militares chilenos (como que uno de ellos se suicid√≥ de verg√ľenza).
‚Äď        Porque la repetida historia de que todo lo ocurrido afecta a personas y no a la instituci√≥n militar es un eufemismo que no creen ni los que lo afirman.
‚Äď        Porque de sus ca√≠dos en la ‚Äúguerra sucia‚ÄĚ nadie se acuerda en el mundo civil, mientras que Santiago arde en cada aniversario del joven combatiente que cay√≥ desafiando la ley y el orden.
Bueno, esta es la enumeraci√≥n de causales del abismo que yo he se√Īalado. Y termin√© con el comentario siguiente:
No se vaya a creer que esta enumeraci√≥n significa que yo piense que los cr√≠menes de los militares durante el gobierno del general Pinochet debieron quedar impunes. De hecho, como candidato parlamentario de la Concertaci√≥n en las elecciones de 1989, clam√© p√ļblicamente por verdad y justicia y me sent√≠ muy orgulloso cuando el presidente Aylwin inici√≥ ese camino a pesar del estrecho espacio de maniobra que ten√≠a su gobierno. Pero en un cuarto de siglo lo que comenz√≥ siendo ‚Äúverdad y justicia‚ÄĚ se convirti√≥ en escarmiento y venganza y √ļltimamente en caza de brujas y aprovechamiento pol√≠tico, en que hasta el Partido Comunista enarbola la defensa de derechos humanos mientras se le caen de la mochila los recuerdos de Stalin, Ceacescu, los Castro y la plaza Tienament, ante los cuales no hizo otra cosa que rendir homenajes.
Creo que Chile no puede vivir con un foso de recelo y resentimiento entre la sociedad civil y el estrato militar. No tenemos situaci√≥n internacional para continuar con lo que, a estas alturas, no es otra cosa que un sainete en cuyo reparto nunca estuvieron todos los que son ni son todos los que estuvieron. Hace rato que son√≥ la hora en que, por el bien y la seguridad de Chile, hay que ponerse a la tarea de restaurar el respeto y la confianza entre esos dos universos. Yo no s√© si los pol√≠ticos chilenos han postergado esa imprescindible tarea por ceguera intelectual o por conveniencia electoral ‚ÄĒcomo demostr√≥ el aquelarre de septiembre pasado‚ÄĒ, pero s√≠ s√© que mejor har√≠an en aplicarse a resolver este problema de imperativa importancia en lugar de perder el tiempo atendiendo a la agenda que les dictan los agitadores de la calle.
Bueno, este fue el art√≠culo que lleg√≥ por misteriosas rutas a o√≠dos de Adolfo Pa√ļl, quien decidi√≥ visitarme. Me pregunt√≥ si yo conoc√≠a su obra. Le dije que no y me pidi√≥ que la leyera, la estudiara y la analizara dentro de mis capacidades y que si yo estaba conforme con esa lectura me pidi√≥ que fuera uno de los presentadores.
Yo me llev√© la obra a mis vacaciones y la le√≠ en lo b√°sico, en lo que m√°s captaba, pues no tengo formaci√≥n jur√≠dica, por tanto no puedo opinar sobre esa materia como lo hizo mi ilustre colega; pero ni siquiera me interesaba mucho, las leyes de los hombres son a veces distintas de la justicia, y la justicia es lo que yo creo y no lo que dicen la Corte Suprema o los jueces. De manera que estudi√© la obra y estoy aqu√≠ con agrado y con honor, porque es una obra, en primer lugar, valiente, en un pa√≠s donde el valor no es frecuente; es valiente porque toca un tema que es ‚Äúpol√≠ticamente incorrecto‚ÄĚ, pero lo ‚Äúpol√≠ticamente incorrecto‚ÄĚ a veces es mucho m√°s importante y mucho m√°s trascendente de lo que pudiera ser lo ‚Äúpol√≠ticamente correcto‚ÄĚ.
Este libro es, en primer lugar, un libro valeroso en una sociedad que no se caracteriza por su valor. En segundo lugar, es un libro macizo; detr√°s de √©ste hay un estudio, un profundo an√°lisis y, seguramente, muchas horas y a√Īos de trabajo. Es un libro importante; es un libro que todos los chilenos ‚ÄĒno nos hagamos ilusiones‚ÄĒ debieran conocer, porque arroja luces sobre la historia. Los pueblos que olvidan su historia est√°n condenados a revivir√≠a y ocurre que despu√©s de veinticinco a√Īos de democracia, gran parte de los chilenos cree en el mito de que hace cuarenta a√Īos una usurpaci√≥n instigada termin√≥ con el mejor de los gobiernos que ha tenido Chile. Calculen ustedes si eso es sostenible, cuando el presidente Allende es, sin ninguna duda, el peor presidente que haya tenido la Rep√ļblica desde su fundaci√≥n. Entonces, la verdad de las cosas es que por eso este es un libro importante y es por eso que yo, de todo coraz√≥n, se los recomiendo como estudio y como lectura.
Muchas gracias.
Orlando S√°enz Rojas.

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