La confesión en los Católicos y el papel de la culpa

Fuente: Aletheia.
24 del 2 de 2013



“Bendíceme padre, porque he pecado. Han pasado_______desde mi última confesión”... es la forma en que suele iniciar el rito católico de la confesión para la obtención de la penitencia y reconciliación con Dios.  Desde la psicología surge la duda de si la confesión católica estará teniendo un efecto real sobre la conducta del sujeto, por ejemplo, promoviendo la caridad, la compasión, el altruismo –en una palabra la conducta prosocial-, y previniendo la reincidencia de pecados que ya han sido absueltos, o si el único beneficio es la contrición misma, es decir, el alivio de la culpa.  

Ryan McKay et al. exploran en el ambiente de laboratorio si la absolución de los pecados aumenta en realidad la conducta prosocial, medida por donaciones a la comunidad católica:


Estudios recientes indican que la conducta prosocial es más probable que se dé cuando uno siente culpa o cuando los registros de la moralidad arrojan un balance negativo. A la luz de tales estudios, nos cuestionamos si los rituales religiosos de reparación y absolución son, desde la perspectiva de los grupos religiosos, mecanismos contraproducentes para abordar las transgresiones morales de los miembros del grupo. Si el pecado es entendido como una forma de capital, ¿no podrían los rituales de absolución dilapidar este capital? Encontramos que los participantes católicos que recordaron cometer un pecado en el pasado y fueron absueltos donaron significativamente más dinero a la iglesia que aquellos que recordaron cometiendo el pecado pero no habían sido absueltos. Este efecto fue más pronunciado entre más creyeran los participantes en el juicio divino y entre más se entregaban a actividades tales como leer la biblia o la oración. Nuestros hallazgos indican que el ritual católico de la confesión es un medio efectivo para promover el compromiso con la iglesia. Estos resultados complementan un enfoque evolucionario cultural de la religiosidad prosocial, donde las prácticas religiosas evolucionaron en tanto contribuían con altos niveles de cooperación en los grupos religiosos. 

Faltaría desde luego estudiar este fenómeno en el ambiente real, por ejemplo, si los individuos que se confiesan cuando asisten a misa tienden a donar más dinero a su iglesia, ya bien sea en el mismo día o dentro de un período discreto posterior a la confesión. En una situación como esta quedaría por determinar si el acto de donar representa una conducta prosocial con la comunidad católica o un mero gesto de reciprocidad con Dios o con el sacerdote que ha otorgado la absolución. El diseño de investigación de McKay evita dicho problema de inmediatez en tanto que el pecado había sido absuelto tiempo atrás y las donaciones no van a parar a manos de las iglesias o curas que participaron, presumiéndose que las donaciones son entonces actos prosociales para con la comunidad católica en general. 

Importaría igualmente valorar si la absolución de los pecados previene en el corto o mediano plazo que los sujetos reincidan en la misma conducta pecaminosa (egoísta, inmoral o antisocial).  Me parece que si en algún estudio posterior se encontrara que la absolución no modifica significativamente la conducta post-confesional de los creyentes, por ejemplo, para con sus semejantes, resultaría poco apropiado tan siquiera aplicar el término "prosocial" al hecho de donar dinero a la comunidad católica. 

Mckay especula sobre posibles explicaciones en el caso de que la absolución estuviera realmente promoviendo la conducta prosocial:


  1. La primera posibilidad es que la absolución estuviera generando emociones positivas. Los autores no entran en detalle aquí. Sin embargo, por emociones positivas se pudiera entender el sentimiento de gozo secundario a la reparación de la relación con Dios, la expiación de la culpa, o incluso la expectativa de salvación. 
  2. La segunda explicación es que la absolución aumenta la conducta prosocial al actuar como estímulo asociativo aversivo (induciendo temor), por ejemplo, haciendo saliente la "vigilancia sobrenatural" en el creyente y por lo tanto recordándole que Dios tiene el poder absoluto para castigar.
  3. Una última posibilidad es que la confesión estuviese haciendo más salientes las transgresiones pasadas del creyente, aumentando los sentimientos de culpa y estimulando la conducta prosocial a manera de restitución. Al igual que hacer recordar memorias traumáticas a una persona tiene el riesgo de re-traumatizarla, el recuerdo deliberado de transgresiones pasadas puede recrudecer los sentimientos de culpabilidad.
Lo más probable es que se trate de combinaciones de todas estas explicaciones. La conducta prosocial reforzada luego de la absolución por el gozo de sentirse perdonado por Dios, el temor a su juicio, y como forma de paliar los sentimientos de culpa que se reviven al recordar los pecados pasados.

Mi propia apreciación es que la penitencia, reconciliación y absolución de la confesión, son un recurso muy modesto para moderar la conducta egoísta de los individuos. Está evidentemente lejos de ser una panacea, y menos aún en la población con rasgos antisociales en quienes, al contrario, el siempre posible perdón de Dios puede obrar como inductor de futuros actos delictivos

    

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