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No quiero un amor maduro...

Fuente: OJO DE OKAZAKI.
19 del 4 de 2015

El amor no es maduro. Es libre, inexplicable. Te vuelve estúpido por unos momentos. Ya no eres cuerdo.

No quiero un amor de adulto. Es más, ¿qué es ser adulto? ¿Es ser frío? ¿Es ser cerrado? ¿Es crecer dejando los sueños de niño y encerrarte en el olvido?

El amor no es "adulto", es niño, es imaginación. Es el volar sin saber hacerlo. Es el hacerte fuerte aunque entregues la vida volviéndote débil.

El amor te nace, hace nacer; hace creerte ciego viendo la vida por primera vez. El amor duele, el amor es una daga sin empuñadura. El amor te hace vivir a través del dolor. Te hace humano.

El amor no debe ser técnico porque es un sentimiento. Se siente o no. Punto. No hay más. Nace por sí sólo, se entrega solo pero no crece solo.

No es un "a medias" ni a plazos. El amor se entrega tal cual, no se disfraza ni se distorsiona, no se obliga a sentir, no se exige, no se intenta exprimir de uno para que sea posible sentirlo.

El amor te obliga a no pensar porque no se piensa. No piensas si lo entregas todo o no, no lo mides, no lo racionas.

Es mirarte y sentir tocarte sin necesidad de caricias, de besos, de roces. Es ese fuego que no quema pero sientes arder en cuerpo y alma.

Es el ver la realidad diferente pero sin perder las metas que quieres, sin alejarte de tu esencia, sin olvidarte de tu camino.

El amor carece de sentido y por sí mismo es complejo; pero el amor, querido mío, el amor es aquello que nos hacemos sentir sin importarnos terceros.

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