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VIAJE A INDIA: ENTRE EL ÉXTASIS Y LA "BULIMIA TURÍSTICA"

Fuente: ¿Ser conscientes?.
14 del 1 de 2018



















Precioso también el mausoleo en Delhi del Emperador Humayun. Curiosamente lleno de niños uniformados sonrientes y con ganas de conversación y risas con nosotros.


Sorprendente Mandawa con sus hawelis o palacetes de nuevos ricos del siglo XIX cuyos descendentes han abandonado la zona para irse al sur del país. 


Impresionante la ciudad de Bikaner, una antigua ciudad-fortaleza. El recorrer sus callejuelas me recordaba las medinas de Marruecos. Es curioso el parecido de la India con muchos lugares de Marruecos, tanto por el ambiente, como por el tipo de edificios, etc. Fue interesante entrar en un templo jainista, se respiraba dentro mucha paz, en mitad del casos de la ciudad. Una de las mejores experiencias en Bikaner fue que nos dejaran entrar en una boda india y que los invitados se fotografiaran con nosotros… 


Pero lo más sorprendente, cerca de Bikaner, en Deshnok, fue visitar el templo Karni Mata o “templo de las ratas”. Sí, un templo lleno de ratas por todas las esquinas, pues allí se consideran animales sagrados. Menos mal que no soy escrupulosa… Algunos de mis compañeros de viaje no lo pasaron muy bien allí.


Me impresionó también Vrindavan, una ciudad sagrada a las orillas del segundo río sagrado de la India (río Yamuna). Es una ciudad plagada de templos, en la que tuvimos la suerte de contemplar varios rituales simultáneos a la orilla del río al atardecer, en los ghats


Vrindavan es también una ciudad plagada de monos, que se consideran sagrados. Uno de ellos le robó las gafas a una compañera de viaje, que fueron recuperadas por la sagacidad de un indio. 



En esta ciudad también nos llevaron al templo de los Hare Krishna, en el que pudimos presenciar uno de sus rituales de adoración a Krishna. En él los indios parecían relajados e implicados. Los occidentales conversos estaban totalmente abducidos e hipnotizados… En ellos veías el poder de la secta para haber anulado su individualidad. Impresionaba.

Visitamos aún más lugares, pero no quiero hacer esta entrada muy pesada. Han sido miles de experiencias y detalles que contar, y que es imposible abarcar en una entrada de un blog. Sólo quedan por mencionar, como relevantes, los impresionantes y lujosos palacios, que tanto contrastan con el caos, miseria y pobreza que vemos en las calles (aunque no tanta como esperaba, parece que India ha mejorado en este sentido en las últimas décadas).

Añado también un breve comentario acerca de la curiosa complejidad del Hinduismo, una mezcla sincrética y variada de cultos, templos y tradiciones milenarias. A nuestros ojos parece haber mucha religiosidad mágica (dioses-muñecos que se columpian, imágenes veneradas fervorosamente, tradiciones inamovibles, etc.). Pero en estas latitudes también hay religiosidad mágica, más difícil de captar así por el acostumbramiento. En fin, todo un reto para la reflexión transcultural. Una curiosidad es el columpio que aparece en la foto de más abajo, dedicado exclusivamente al dios Vishnú. Se considera que el dios se está columpiando en él pues hay una imagen del mismo encima del columpio:



La India es un país fascinante, lleno de contrastes (pobreza-riqueza, caos-armonía, espiritualidad-materialismo, etc.) que no nos puede dejar indiferentes. También nos permite darnos cuenta de los condicionamientos culturales al echar una mirada externa a una cultura tan diferente a la nuestra. Pero es importante no caer en la tentación de que nosotros estamos libres de dichos condicionamientos. Son distintos, por eso podemos ver la “paja en el ojo ajeno” y quizás más extremos (lo de los matrimonios concertados por los padres o la vida tan dura que espera a las viudas es difícil de digerir). 

Llama la atención lo que nos dijo el guía de que no se cuidan las cosas porque viven en el pasado y en el presente. Que estar en el presente supone no prever las cosas para mañana y no cuidarlas demasiado… ¿Puede ser eso lo que nos espere si entramos en modo mindfulness constante? Quién sabe…

Aunque fueron días muy intensos creo que para conocer esa cultura y ese país no es posible en 12 días y aún menos en plan “bulimia turística”. Creo que necesitaría un ritmo reposado, entrar en su modo de tiempo tranquilo y presente por unos días, para empaparme más del sentido de lo que allí sucede. Espero volver de otra manera y “vivir” la India. No quiero vivir secuestrada por un tour turístico y su frenético ritmo de consumo compulsivo de experiencias viajeras. Volveré de otro modo para saber donde estuve, como son sus gentes, en qué consiste esa cultura de milenios y cómo es su religiosidad, etc. Seguro que me quedan infinidad de cosas por descubrir que en mi viaje turístico no alcance ni a intuir...

El cómo viajamos parece ser un reflejo de cómo vivimos. Consumimos todo a un ritmo frenético: experiencias, relaciones, cosas. Lo curioso es que mis compañeros de viaje no parecían incomodarse por la bulimia turística y que incluso parecían satisfechos si se añadía alguna actividad adicional al apretado tour del día. Creo que, en general, vivimos demasiado hiperestimulados en nuestras latitudes y no nos sorprende viajar de ese modo. No nos paramos a digerir, paladear o a estar en silencio contemplando lo que sucede. Quizás en esto los indios puedan aportarnos algo de calma y mesura… Quizás aún me quede mucho por digerir después del viaje bulímico, para poder ser consciente de todo lo vivido, contemplado y experimentado... 


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