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EL ENTORNO DE LA CIMBARRA, UN PARA√ćSO PRIVADO EN PLENO MES DE JULIO

Fuente: A DISCRECI√ďN.
12 del 8 de 2018

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Debe ser atípico lo de visitar la cascada de la Cimbarra en pleno verano por aquello de que parece que visitar un entorno natural cuando la estrella del mismo está en horas bajas porque no hay agua, parece que no cuaja y, sin embargo, no es más que un elemento (la cascada), muy espectacular sí, pero de los muchos que la zona tiene.

Tambi√©n es cierto que aprovechamos un mes de julio muy ben√©volo en cuanto a las temperaturas, casi una primavera extendida, para visitar el entorno de la cascada, y no la cascada en s√≠, a sabiendas de que esta solo est√° presente en d√≠as muy contados del a√Īo y no todos los a√Īos, puesto que tiene que coincidir una sucesi√≥n de lluvias importante que penetre bien en la tierra, siempre afectada por la pertinaz sequ√≠a, y una vez que esta se empapa que el cauce comience a revivir para precipitarse las aguas por la cascada. Cuando esto ocurre √ļltimamente suele ser noticia y el entorno se plaga de visitantes y yo puedo decir que he visto la cascada en pleno apogeo, pero ya me precio en afirmar que el entorno tiene muchos m√°s atractivos fuera de esos d√≠as noticiables.

Lo de lo at√≠pico de visitar la Cimbarra en pleno verano result√≥ ser toda una experiencia agradabil√≠sima por lo inusual y por lo placentero. Segunda quincena de julio y apenas cinco intr√©pidos visitantes fuimos los √ļnicos seres humanos que nos dimos cita all√≠ en el d√≠a de autos, era como disponer de las llaves del entorno y cerrarlo solo para nosotros, un parque tem√°tico de la naturaleza donde √©ramos los inopinados propietarios durante unas horas.

Am√©n del agua, lo que es innegable es que el ca√Ī√≥n que se forma en el entorno de la cascada es un aut√©ntico espect√°culo geol√≥gico, y con solo ver la estructura del salto, de unos cuarenta metros, ya impresiona. Uno se siente no solo peque√Īo, yo dir√≠a insignificante en el terreno existencial, cuando comparas tu vida de apenas un suspiro con los millones de a√Īos que han pasado para que se conformen estas estructuras geol√≥gicas.

Ciertamente que existen rutas de senderismo bien acondicionadas, aunque falta un poco de mantenimiento y se√Īalizaci√≥n, y fuera de ellas uno tambi√©n puede trabajar de aventurero. Por supuesto, el icono del entorno era la cascada y el lago que en verano forman sus aguas, no estancadas ni mucho menos, puesto que desde la cascada se percibe un hilillo y algunas filtraciones que permiten que un leve cauce perviva. Pues all√≠ que nos adentramos en un caminito que se desv√≠a de la ruta principal. No se espere el futuro visitante un acceso sencillo, tampoco es de gran dificultad, pero hay que ir con cuidado y con una forma f√≠sica media y sin achaques; aun as√≠ en verano las zarzas son un compa√Īero necesario y un tanto hiriente en el recorrido, un escollo inevitable para llegar hasta el final, es decir, al lecho donde la cascada vierte sus aguas.

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Una vez all√≠ es justo y necesario, por no decir imprescindible y apropiado, el pegarse un ba√Īo. No hay nada m√°s placentero que ba√Īarse en un entorno natural, es algo que a m√≠ me reconforta, es una especie de comuni√≥n con la naturaleza en la que moment√°neamente uno se deja formar parte de ella, como un elemento m√°s. Los oligoelementos de esa agua natural siempre me hacen bien, as√≠ lo tengo asumido yo desde chico, y en esa simbiosis me siento por un instante evadido de este mundo, m√°xime cuando la paz que se respiraba en ese entorno privilegiado y ¬ęcerrado¬Ľ para nosotros era c√≥mplice; paz que se romp√≠a con los gritos de los ni√Īos que me acompa√Īaban, abrumados por el entorno y por aquello de que unas aguas un tanto turbias y un escenario que no tiene nada que ver con una piscina los intimida bastante. Valga como an√©cdota que una vez que me lanc√© a las aguas, sab√≠a que los ni√Īos me seguir√≠an con inmediatez puesto que su intrepidez y ganas de explorar lo desconocido se anteponen a sus miedos.

También fue idílico por lo raro poder comer a mediodía en la zona recreativa Arroyo Martín Pérez, por lo inusual de hacerlo en pleno julio, con ese calor soportable y nada soporífero que hizo que se nos pasara la hora de la siesta con más gana de aventura, calor que en todo caso sí que invitaba a volver a pegarse un refrescón.

La segunda parte de la jornada tenía como fin inspeccionar el sendero del arroyo Martín Pérez, un recorrido del que apenas teníamos referencia y en el que esperábamos encontrarnos alguna sorpresa en cualquier recoveco y, por supuesto, deseábamos llegar a la Cimbarrilla, accidente al que también se le conoce por el nombre en masculino.

En este sendero vino la sorpresa m√°s significativa de la jornada, dicho trayecto de dificultad baja y con las √ļnicas molestias de los insectos y la vegetaci√≥n lacerante, lleg√≥ a su fin con la indicaci√≥n de que para llegar al ¬ęRemanso del Negrillo¬Ľ deb√≠amos avanzar unos cincuenta o cien metros m√°s. Este esfuerzo m√°s s√≠ que ten√≠a cierta dificultad, lo cual obligaba a apoyarse, a solidarizarse para facilitar las escaladas y bajadas, sin riesgo para la vida, pero s√≠ con riesgo de dar un traspi√© y herirse innecesariamente.

El esfuerzo fue toda una recompensa porque el Remanso del Negrillo era otra laguna m√°s peque√Īita que la de la cascada de la Cimbarra donde obviamente verificamos que el agua no estaba estancada y que la naturaleza hacia su trabajo para depurarla. Ahora ya s√≠, cost√≥ menos trabajo meterse en el agua, porque hac√≠a m√°s calor que durante la ma√Īana y porque la caminata nos hab√≠a hecho sudar. Adem√°s, y he aqu√≠ la sorpresa o peque√Īa satisfacci√≥n para nosotros, por encima de esta laguna o remanso hab√≠a otra que naturalmente nos pusimos a inspeccionar, era el lecho de una cascadita de unos cuatro metros, tambi√©n seca, o casi seca, porque un min√ļsculo hilo de agua hab√≠a, y tras acceder a ella la sensaci√≥n de gozo fue aun mayor. Era una piscina natural en alto toda rodeada de piedra y en su abertura hacia el cauce y la ca√≠da, solo el horizonte, una aut√©ntica pasada, todo un anuncio de televisi√≥n que parec√≠a transportarnos a destinos id√≠licos y, sin embargo, est√°bamos en Ja√©n, en Aldeaquemada. Paradis√≠aco, enso√Īador, momentos de evasi√≥n, casi cay√≥ la siesta tumbado en unas rocas. Desde luego ir a ver la Cimbarra y no haber podido contemplar este otro lugar es pr√°cticamente un sacrilegio.

A la vuelta del sendero encontramos casi de casualidad la Cimbarrilla, no estaba se√Īalizada, es algo que los encargados del mantenimiento de senderos debieran corregir. Creo que la Cimbarrilla no obtiene aguas de la Cimbarra, esto es, la Cimbarra forma parte del cauce del r√≠o Guarrizas, y su ¬ęhija peque√Īa¬Ľ pertenece al cauce del arroyo Mart√≠n P√©rez, luego ambos se juntan unos metros m√°s adelante. No hab√≠a cascada tampoco en esta √©poca, pero el escenario geol√≥gico tambi√©n era muy chulo, all√≠ pudimos beber agua de un venero donde se aloja una jarrita de metal. La ca√≠da puede ser de unos ocho o diez metros, y a buen seguro que en temporada de lluvias debe ser tambi√©n un hervidero de visitantes.

Con el sentir de haber culminado una jornada inolvidable abandonamos ese para√≠so que hab√≠amos ¬ęreservado¬Ľ en exclusividad durante unas horas, y con el compromiso de visitar en alg√ļn momento futuro el pueblo de Aldeaquemada, donde pulsamos la magn√≠fica hospitalidad de sus gentes. Un pueblito peque√Īo y coqueto, donde su aislamiento, por lo apartado de grandes n√ļcleos de poblaci√≥n, no impide que las vidas de sus moradores contin√ļen apacibles y felices, lejos del mundanal ir y venir de otras latitudes donde no entendemos de verdad nuestra existencia.

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