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"LA MAGIA DEL ORDEN", DE MARIE KONDO

Fuente: A DISCRECIÓN.
25 del 8 de 2018

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Bueno, pues ya me ha tocado a mí, ya he leído si no el libro del que todo el mundo habla, sí que es el libro del que habla mucha gente. La verdad es que atravieso un momento de mi vida en el que necesito chorros de aire renovador y la parcela del orden en casa es importante, en tanto en cuanto, nuestra morada es el espacio en el que más tiempo vivimos, junto con el lugar de trabajo, y merece pues, una atención primordial.

Casi de forma espontánea la joven japonesa Marie Kondo ha irrumpido en el pujante mundo de los libros de autoayuda para dar un golpe en la mesa y romper con mucho de lo que se ha escrito hasta ahora sobre orden y decoración en las casas. Su método denominado KonMari ha revolucionado de algún modo la forma de organizar una casa como un modo de ir más allá, de ordenar tu vida.

Esta chica que ya se puede decir que es una auténtica gurú del orden, no se centra tanto en la decoración sino en una serie de pautas básicas que, una vez cubiertas, ya dejan paso a la decoración. Como es imaginable parte de un concepto más bien oriental del orden en los domicilios, situándose en la sencillez y la sobriedad como pistoletazos para construir tu nueva distribución hogareña.

De la lectura del libro hay algo que llama la atención sobremanera y es que el método se basa mucho en la necesidad de deshacerse de tanto chisme superfluo que tenemos en el hogar, comenzando por nuestro armario. Marie intenta darle una especie de espiritualidad a todos los objetos y debemos tener un diálogo con todo, y cualquier prenda que no te haga feliz (y ahí se incluyen las masas de ropa que inundan nuestros armarios y que te has puesto dos veces o que llevas años sin ponerte), debes tirarla, no sin antes haberle agradecido su labor para contigo.

Sobre esto anterior hay que hacer obviamente una reflexión y no es cualquier cosa, y es que este es un libro para ser leído en sociedades desarrolladas, donde nuestros armarios y nuestros muebles, están repletos de ropa, artilugios, papeles, muy por encima de nuestras posibilidades; pero entiéndase posibilidades en el sentido de que no tenemos una vida tan suficientemente longeva ni activa como aprovechar o amortizar debidamente todo eso que acumulamos. Con la ropa es muy fácil de divisar, cualquier armario de una persona española de cualquier clase social está completamente atestado, tanto que se compran incluso artículos que jamás se van a utilizar.

Como es deducible, este concepto no es concebible en naciones tercermundistas, esto no es planteable en Malawi, en Níger, en Gambia o en Etiopía; allí la ropa se usa hasta el desgaste total, y en la casa está todo lo imprescindible para vivir, o sea, muy poco y no hay nada superfluo.

Así que Marie empieza con que hay que tirar, y no poco, como primer paso hacia el orden, luego exige hacer un maratón para ordenarlo todo en el menor tiempo posible, habla de un día, aunque entiendo que se refiere a una sola sección o habitación de la casa. Mantiene que hay que asociar elementos del mismo tipo en el mismo lugar, lo cual tiene una lógica tan aplastante que es tan directamente proporcional a la nula asunción que hacemos de esta idea básica cualquier ciudadano de a pie.

Sus consejos van también distribuidos por secciones y, es más, también propone qué ordenar primero y qué hacer al final. Sus tentáculos sobre el orden lo abarcan todo, desde la ropa, pasando por la cocina, el baño, los papeles, incluso un capítulo dedicado a los artículos , que es una suerte de «todo cien» que también requiere cierta atención y organización.

Desde luego sus consejos que, en líneas generales, son muy razonables, sobre todo porque se sustentan en el sentido común más allá de la inclinación oriental y el , del que también rezuma el libro, van inundando sus páginas de tal manera que casi te obligan a actuar, es como un resorte invisible. También hay que sincerarse tras la lectura del libro, tal vez uno no encuentre el equilibrio adecuado, pero muchas ideas son aplicables desde el primer momento, después la realidad, el tiempo y la logística matizarán la puesta en marcha de todo lo que propone Marie, pero desde luego es un libro que deja huella.

El problema es que por muchas cosas que tengamos seguimos siendo ciudadanos con pequeños guiños hacia el síndrome de Diógenes, es decir, acumulamos por el hecho de acumular y porque pensamos que nuestra vida somos nosotros y las cosas que nos acompañan. A lo largo del libro, la autora trata de convencernos de que no nos va a doler deshacernos por la vía rápida de esos «recuerdos». Esta frase es tremendamente reveladora para quedarnos en paz cuando tiremos a la basura algo que fue importante en el pasado: «». Como su filosofía parte de que atesoramos mucho más de lo que necesitamos o queremos, solo hay que quedarse «».

Finalmente, y de forma muy resumida, da interesantes sugerencias sobre la disposición de los armarios, que es una parte tan esencial que sobre este particular y otros tantos, hay infinidad de vídeos en Internet. En concreto, es innovadora su forma de doblar la ropa, de tal manera que siempre se quede de pie; sugiere que no amontonemos prendas una encima de otra y si que las coloquemos en fila de tal modo que de un solo vistazo podamos ver todas las camisetas que tenemos sin necesidad de levantar el montón. A modo de inspiración del indica de un modo muy interesante que la ropa que menos se utiliza y la más oscura hay que llevarla a la parte izquierda del armario y la más clara a la derecha; también tiene su lógica porque de las dobles puertas de los armarios siempre abrimos y así lo fabrican los carpinteros la parte derecha, la otra hay que quitar el pestillo.

¿Y la vida? Marie defiende que cuando tu casa está en orden, tú también lo estás, tiene gente que pierde peso, otra que es más feliz…, desde luego llegar a tu casa, ese ente tan importante en tu vida y que no haya chismes, que sepas dónde está todo, que respire paz y espacio, es una experiencia que merece la pena abordar.

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