ahorro

Curso del permiso A

Fuente: navarmoto.
28 del 3 de 2012

(imagen) Con la posibilidad de rodar por nuestras carreteras con la Sportster 883 que desde hace poco más de un mes le espera en su garaje, Rubén acaba de cumplir uno de sus sueños. Todos los que de alguna manera estamos o vivimos en el mundo de la moto, estamos al corriente de cómo se ha complicado en los últimos años el acceso a los permisos para conducir motos y ciclomotores. La culpa está detrás de las sucesivas reformas, que han ido desde la subida de la edad para conducir ciclomotor de los 14 a los 15 años hasta la imposición de un sistema progresivo en general más encaminado a la “obtención que al perfeccionamiento”. La frase es de Xavi Vallejo, director de Motoescuela, un centro de formación centrado en los motoristas.

Afortunadamente, una de las últimas trabas para acceder al permiso que permite conducir todas las motos del mercado ha desaparecido prácticamente del todo en nuestro país. El pasado mes de diciembre se cumplieron dos años desde que salieron de la autoescuela los primeros motoristas de la generación A2, que para acceder al permiso sin restricciones tienen que pasar de nuevo por una escuela de conductores. Teóricamente tendría que haber sido posible dar este paso desde el 9 de diciembre, pero en la práctica no había oferta. La falta de concreción de Tráfico, que no clarificó a las autoescuelas el proceso que debían seguir hasta última hora -en algunas comunidades como Cataluña hasta bien entrado el mes de enero-, y el lógico proceso de adaptación de éstas, que han debido adecuar las pistas a los nuevos cursillos y adquirir y homologar motos adecuadas, han hecho que hasta finales de febrero la posibilidad de obtener el permiso no haya sido una realidad generalizada. “Hay varias autoescuelas en proceso, y hay dos que ya tienen las motos compradas y listas. Es una decisión complicada, porque hay que tener en cuenta el tamaño y peso de la moto, que debe valer para alumnos con distintas complexiones físicas. Además, aquí el invierno es complicado, pero ahora con el buen tiempo se acabarán de poner en marcha”, resume Txomin Nasarre, presidente de la Asociación de Autoescuelas de Álava. Nos describe la situación más común en la mayoría de las provincias de España. Algunas autoescuelas ya están listas y ofreciendo cursos, y  en muchos lugares del territorio ya tenemos a los primeros dueños de permisos A, mientras que en otras muchas provincias lo tienen todo listo pero falta que les llegue la demanda.

Desde Ávila, Marciano García, presidente de la asociación provincial de autoescuelas, confirma: “Sí hay oferta, hay autoescuelas con las motos listas, pero el frío ha hecho que de momento no haya matrículas. Algunas autoescuelas se han juntado para poder hacerlo, pero vamos a tener que esperar al verano para ver cómo funciona”.

El frío y la crisis son algunos de los factores más citados en la ronda de llamadas que hacemos a las Asociaciones Provinciales de Autoescuelas para tratar de entender por qué esta demanda no acaba de llegar, aunque es un tema que, lógicamente, cambia radicalmente de una provincia a otra. Desde Sevilla, por ejemplo, nos recuerdan que ya hay 8 ó 10 autoescuelas impartiendo cursos. El caso es excepcional, y lo más común, como nos confirman desde Alicante, Almería, Badajoz, Cáceres, Jerez, Castellón, Ciudad Real, La Coruña, Granada, Barcelona, Madrid o León, entre otras, es que haya entre una y cinco autoescuelas en condiciones de ofrecer el curso y que éstos se hayan empezado a impartir en función de si ha habido alumnos o no.

(imagen)

Si raro es el caso de Sevilla, también lo es el de provincias como Palencia o Segovia, donde todavía no hay autoescuelas que hayan tramitado toda la documentación y estén en condiciones de empezar los cursos. “El problema es que no hay demanda”, reivindica Irene Herranz, presidenta de la asociación segoviana, que añade que “con la llegada del buen tiempo se van a poner en marcha”. Óscar José Poza, su homónimo de Palencia, coincide en la falta de demanda y reconoce que “existe un debate entre las autoescuelas para acabar de ver si alguna se decide a impartirlo o si al final se hace como asociación”.

Una vez constatado que, aunque lentamente, la falta de oferta ha ido dejando de ser un problema para la gran mayoría de los poseedores del A2 que quieren acceder al A, toca comprobar qué aporta este nuevo paso por la autoescuela a los motoristas. Para ello asistimos a la sesión teórica con la que Rubén inicia el cursillo del A. Llegamos a media clase, mientras, junto a sus cuatro compañeros de aula, observa el neumático con el que le están explicando cómo utilizar las marcas que permiten comprobar su desgaste. Es una clase dinámica y participativa en la que se tratan aspectos como el equipamiento de protección, el conocimiento del propio vehículo y teorías de la conducción, además de temas de concienciación relacionados con los accidentes y los factores de riesgo.

Durante el pequeño receso que el profesor concede a sus alumnos, aprovechamos para discutir sobre las características de este nuevo procedimiento. “El curso del A significa para mí una oportunidad para poder enseñar”, aseguró el profesor. Para este profesional de la formación, “el problema está en los pasos anteriores (AM, A1 y A2)”. “Trataremos de aprovechar este curso, porque este formato nos permite llegar más al alumno y enseñarle cosas que, aunque no estén en el BOE, creemos esenciales”.

Su valoración sobre el curso implantado por la DGT es, pues, positiva, aunque afirma que sería más indicado realizar una formación de este tipo la primera vez que accedemos a una moto: “Si se hiciera este curso para obtener el A2, con motos que ya tienen su peso y su potencia, posiblemente ya no sería necesario volver a hacer formación para el A”.

Rubén y sus compañeros ya hace unos minutos que nos observan reivindicando que se reanude la clase, pero acceden a responder algunas preguntas. Sólo uno de los cinco nos confiesa que le fue útil la formación del A2 y defiende el actual sistema de permisos. Los otros cuatro, incluido Rubén, coinciden con su profesor y reconocen que habrían preferido hacer la formación que inician ahora la primera vez que debían ponerse al manillar de una moto.

(imagen)

La sesión teórica es sólo la primera parte del curso y tiene una duración de tres horas. Una vez completada, llega el momento de la práctica, que en el caso de un curso de estas características permite adaptarse a las necesidades de cada alumno.

Algunos de los compañeros de Rubén en la teórica han llevado moto a menudo durante los dos últimos años, por lo que con ellos habrá que pulir defectos, corregir errores y perfeccionar el pilotaje. En el caso de nuestro protagonista, en cambio, prácticamente no ha rodado desde que tiene el A2.

Ya en la pista de pruebas recibe las primeras instrucciones de su profesor de prácticas. Chaqueta y pantalones con protecciones, además del casco y los guantes de rigor, son obligatorios para rodar. Antes de empezar repasan la moto, que por obligación debe tener un mínimo de 600 cc y de 40 kW de potencia (54, 4 CV), y la posición que hay que mantener sobre ella. Es básicamente una clase particular, individual, y esto permite que el monitor le explique al alumno las peculiaridades que se encontrará en su Sportster 883, y qué diferencias dinámicas presenta con respecto a la Yamaha XJ6 con la que van a hacer las prácticas.

En un primer momento, Rubén se muestra cauto con la moto; es evidente que no se siente cómodo. Los dos años que lleva casi sin subirse a una moto se notan, pero poco a poco, al tratarse de una clase particular y poder ir recibiendo correcciones y recomendaciones muy directas, va adquiriendo la destreza necesaria.

“Nos llegan alumnos con distintos grados de experiencia, con los que hay que trabajar aspectos distintos. Con el sistema de examen nos encontramos con que se sienten estafados si dedicas tiempo a practicar ejercicios que no tendrán que realizar para aprobar, pero aquí es distinto, porque el formato de curso nos permite trabajar de forma individualizada y enseñarle a cada uno realmente lo que necesita aprender, en función de su nivel”, puntualiza Andreu García, socio de Motoescuela. Hay que cumplir unos mínimos marcados por la orden ministerial que regula el curso, lógicamente, pero cuatro horas en circuito cerrado dan para adaptar este contenido a cada alumno.

“Yo disfruto con esto”, afirma Rubén después de dos horas encima de la moto practicando giros, reparto de pesos, frenadas… Ahora ya se le ve suelto.

Luego llega la parte de las prácticas de circulación, muy diferentes a las que se hicieron para obtener el A2. En el caso de Rubén hará dos horas de ruta en las que saldrán de la ciudad para ir a alguna de las carreteras de curvas que rodean Barcelona. Se trata aquí de practicar la conducción real, y el hecho de hacerlo moto a moto permite al profesor estudiar bien al alumno, corregirle, y mostrarle empíricamente cómo debe corregir posturas, giros, la manera de afrontar las trazadas…

Está claro que para Rubén el curso ha sido útil, y parece claro que para los usuarios que han llevado moto durante los dos años de A2 unas lecciones prácticas no centradas en la obtención sino en el perfeccionamiento también lo pueden ser. “¿Quieres que te diga la verdad? La teórica es un rollo, pero la práctica está muy bien, de verdad, muy bien. Y eso que venía puteado por esto de volver a sacarme otro carnet, pero reconozco que he aprendido”. En la puerta de Motoescuela, Andreu escucha la opinión de uno de los primeros en sacarse el A, uno de los que sí han rodado durante los dos últimos años.

 

Fuente: Artículo publicado en la revista


Loading...