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Divinidad soñada

Fuente: Rarezzas.
14 del 9 de 2010

Esto parece una obra de arte hecha directamente por Dios. La magnificencia de lo que estoy viendo es simplemente indescriptible, debo estar soñando. Me encuentro en un bosque espeso. Una escena que me transporta a África. Árboles a ambos lados del camino, y un terreno terracota que hace que mi mente dibuje jirafas y elefantes sobre él.

A lo lejos, en el horizonte, se ve esa montaña, cubierta a medias por nieve y con un par de nubes jugueteando alrededor de ella. Aquí el clima es simplemente perfecto. El sol roza cada rincón de lo que veo, y así, entre claros y sombras se va dibujando éste paisaje, que parece el fondo perfecto para filmar aquella película que, aunque probablemente no rompería las taquillas mundiales, con seguridad, cambiaría más de una vida... lo que al final encuentro más interesante.

Y ahí estaba él. Ahí estaba yo. Ahí estábamos nosotros. Sujetando nuestras manos mientras caminábamos sobre ese barrial, que había tomado extrañas formas cuando estaba humedecido, pero que ahora solo parecía un pedazo de mar que se hubiese solidificado. Cada onda, cada detalle, cada pliegue bajo nuestros pies, era como un milagro, casi como caminar sobre agua, solo que menos incierto.

A nuestro lado está ese árbol de moras, que no son moras de las que solía comer en mi patria; son estas moras dulces, como mezcladas con uvas, y que nunca antes había comido. Así es que nos detenemos a un lado del camino, y dejamos que los arbustos nos seduzcan con sus mejores frutas. Ellos nos ofrecen su mejor cosecha, y nosotros la disfrutamos. Como un manjar preparado por el bosque sólo para nosotros dos. No hay nadie más, no hay huellas o algún indicio de presencia humana, por lo menos, algunos buenos cientos de metros a la redonda.

No necesitaría mucho más que esto para vivir feliz el resto de mis días-- pienso incesantemente. A mi lado está él. Mi tesoro. Sus bellos ojos más azules que nunca, moviéndose como una brújula, que claramente apunta a donde debemos ir.

Cada paso nos lleva a un lugar aun más hermoso. Llegamos al final de este camino, y encuentro al dueño de mi alma fabricando una cometa, sí, una cometa! Lo está haciendo con algunas hojas y pedazos de paja que encuentra en el camino. Será posible?, al menos, luce como una cometa... es nuestra cometa, no habría ningún precio que alguien pudiese pagar por una como ésta. No es importante si la cometa quisiese volar o no. Es importante que él la fabricó para hacerme feliz, no importa nada más que eso.

(imagen) Así que ponemos a volar nuestra cometa, y que sorpresa que nos llevamos cuando vemos que, con un par de remiendos, y un poco asustada al comienzo, nuestra creación alza vuelo. La cometa se mueve en el aire como un pez se mueve en el agua. Toma cada onda del viento y la hace suya, la disfruta... y nosotros corremos tras ella, reímos, caemos, jugamos.... amamos.

Aún no estoy segura si estoy soñando o todo esto es real. Me he pellizcado un par de veces para asegurarme, pero no parece funcionar. La sonrisa de mi boca no desaparece, el azul del cielo se mantiene, la brisa golpeando mi cara lo sigue haciendo, y él sigue ahí, a mi lado, mirándome fijamente. Si todo esto fuese un sueño, y en unas horas despertara encontrando que todo esto nunca sucedió, entonces, le aseguro, que podría ser feliz el resto de mi vida con el simple recuerdo de lo que estoy sintiendo ahora. Tal vez dibujaría un retrato suyo, y pasaría el resto de mi vida tratando de encontrarlo, entre las toneladas de carne y hueso que invaden las calles. Ya que importa? Lo real es que estas en mí. Lo real es que somos uno, lo real es que yo te amo.


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