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¬ŅLA MADRE DE TODAS LAS BATALLAS II?

Fuente: La Sombra.
28 del 12 de 2009

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Con anticipaci√≥n, la inteligencia del reino ‚Äďy me refiero a la mediana inteligencia de los guardias privados contratados como guardia personal del mandante y no a los ‚Äúinvestigadores‚ÄĚ presuntuosos y fatuos, califas que se pasan organizando brindis de seminario en seminario- ya hab√≠an conocido la intencionalidad de acudir a una demostraci√≥n de reclamo de los ni√Īos, profesores y padres de familia de los colegios asentados en el reinado y que seg√ļn los gobernantes all√≠ disque se forman los terroristas que alg√ļn momento escogido se lanzar√°n en aviones de papel contra el rectorado.



Y deciden tomar las medidas más adecuadas, cruzan ideas y se establece una gran estrategia política y militar, conociendo como les conocen que reaccionará la oposición.


Esta estrategia les permitir√≠a salir de victimas y acelerar las medidas que prev√©n tomar, entre otras, como todo gobernante cl√°sico del Medioevo, cerrar las instituciones educativas que forman a los ni√Īos y j√≥venes donde les ense√Īan a pensar con libertad. ¬°Subversivos! les acusan.


En realidad es una acusaci√≥n hist√≥ricamente conocida, lo mismo se ha dicho en todas las √©pocas. Por eso me pareci√≥ haber escuchado ya en alg√ļn lado.


Y entonces comienzan los movimientos y las primeras escaramuzas.


Seiscientos ni√Īos con bombas‚Ķ de colores azul y blanco y pancartas, una treintena de profesores, cincuenta padres (m√°s bien madres) de familia y una veintena de guambras grandecitos de la feue, son impedidos de ingresar al gran sal√≥n de sesiones con trescientos a√Īos de historia dicen, aunque en realidad el edificio se construy√≥ en 1956, es decir algo m√°s de cincuenta a√Īos. Las puertas met√°licas son herm√©ticamente cerradas. Adentro los pretorianos contratados y algunos que piensan m√°s bien no exponerse, al fin ya tienen el nombramiento.


Y como ven que la correlación no es tan favorable para los cuidadores del orden constituido, deciden traer refuerzos de la mismísima academia donde tiene origen el ungido, pero a la final no son sino treinta guambritos asustados al mando de tres sujetos que al parecer demuestran arrojo y se pasean cuales fueran rambos.


√Čstos se miran entre ellos, se miden los hombros y hacen ademanes a la muchedumbre (de ni√Īos), amenazan con fotografiar a los profesores identificables f√°cilmente por su terno un poco descolorido, les se√Īalan con el dedo √≠ndice, a √©ste, al otro, al pendejo que se esconde, se ordenan entre ellos. Y una primera lanzadera de botellas (ahora son de pl√°stico estos embases) y los de arriba r√≠en y les devuelven los proyectiles y les muestran el dedo medio. La muchedumbre les pifia y as√≠‚Ķ


De pronto, desde los de abajo, entran en c√≥lera, elevan una escalera y avanzan como si abordaran un barco o treparan a un castillo, tal si se tomaran Carondelet, la Bastilla o mejor el Palacio de Versalles o la fortaleza de Pedro y Pablo, el Palacio de invierno de los Zares, todav√≠a mejor, como si se ‚Äútomaran el cielo por asalto‚ÄĚ as√≠ sienten estos guambras, y arremeten y soportan los pu√Īetes y garrotazos de los defensores del cielo y de su divino se√Īor, aguantan, pero a la final dominan la situaci√≥n y entonces se les va la mano, adentro se ha dicho, donde se protegen los pretorianos.


Los jovencitos traídos desde tierras lejanas se asustan más, se abrazan, entran en terror y desesperación, esperan lo que venga, pero no les pasa nada y salen ilesos con el rabo entre piernas, asustaditos, como conejitos de indias en práctica de farmacología. Salen llorando junto a su Rambo caído en desgracia.


Las puertas ceden. El soberano que no esper√≥ para tanto, escondido en el ba√Īo, en realidad en el servicio higi√©nico (porque all√≠ no hay ducha, ni tina) sentado sobre la tasa blanca y visiblemente descompuesto, no sabe qu√© mismo hacerse. La minina que le acompa√Īa le ordena llamar al Ministro de Gobierno, lo hace, se atufa, llama a la polic√≠a que ya estaba preparada con sus fuerzas especiales, pero el tiempo apremia, y antes que ceda la puerta del WC, en un momento de lucidez exclama ¬°la ventana!, ¬°la ventana! los otros le ven perplejos, √©l grita y ordena que se hecha por la ventana, no le creen y √©l insiste, se da as√≠ mismo fuerzas y comienza hacerlo ante la incredulidad de los otros y entonces se les alumbra ¬°cierto! v√°monos por la ventana. Le descuelgan a √©l primero, cual monigote.


Entonces no importa la dignidad del ser, peor la de su investidura. Se arrastra por el ventanal, se remella las rodillas buscando pisar en alg√ļn sitio, no encuentra piso, y entre los chuscos movimientos de pies en el aire se desespera y piensa que caer√° al vacio y posiblemente quede con alguna discapacidad. Sol√≠citos los lambiscones del momento le ayudan ‚Äúaun a costa de su propia vida‚ÄĚ como comentan luego para enaltecer su gesto. La rid√≠cula huida permanecer√° como estigma.


Abajo lo recoge un agente policial encubierto y lo protege con su cuerpo y le dice al o√≠do que es un polic√≠a o sea un tombo destinado a resguardarlo, se asusta, le rechaza inicialmente y se lanza a la muchedumbre de ni√Īos y padres de familia.


Los ni√Īos enardecidos, a la final est√°n en masa y act√ļan as√≠ y sus madres miran al que fug√≥ hace pocos segundos y que trata de ocultarse. Y como saben que en el gesto de lo oculto y de la fuga algo realmente se esconde, instintivamente comienzan a empujar, lanzan botellas (que siguen siendo de pl√°stico) algunas varas de madera, lo que encuentren, alguien lo alcanza desde una posici√≥n inc√≥moda con su hasta de bandera, lo raspa y sangra.


√Čl, entre asustado, espantado y aterrorizado, pierde todav√≠a m√°s la cordura, vocifera unos cu√°ntos ep√≠tetos y jura tomar venganza; as√≠ le conducen a un veh√≠culo ubicado a treinta metros, s√≠, le condujeron a un veh√≠culo a treinta metros, expuesto, s√≠ se√Īor, cuando el carro pudieron estacionarlo justo bajo la ventana, o pudo salir en direcci√≥n contraria a donde estaba la gente.


En la cl√≠nica particular -miren que no concurre siquiera al Hospital del mismo reino- exhiben la camisa ensangrentada. No le lavan el rostro como mandan las normas, se resiste al aseo y permanece √Čl, con su rostro te√Īido de sangre y descompuesto, como si hubiera sido faenado.




Tampoco importa la dignidad de su alta investidura, el cargo que ostenta, lo importante son las fotos para acusar. La luz de las c√°maras va secando la sangre coagulada y le imprime un cuadro de horror y de n√°usea.


Parecería que fue la Madre de todas las batallas.


En realidad no.


No se asemeja sino un peque√Īo mot√≠n de nave de poco calado, en donde las ratas salen presurosas presintiendo un hundimiento.


Un amotinamiento por lo dem√°s preparado, azuzado y provocado por el mismo mandante, por el jefe supremo, a fin de garantizar y fortalecer su posici√≥n la que, en los √ļltimos tiempos, se ven√≠a incomoda entre sus s√ļbditos.
Sin embargo sobrepasó sus propias expectativas y sí que por un momento se llevó un tremendo susto.


Las ratas regresan al presagiar la estabilidad y desde luego, al olfato de los colgados que se exhiben en los m√°stiles, a la espera que alg√ļn rato caer√°n.

Entonces viene la vendetta.


La prensa venal, como siempre acusadora, testigo y sancionadora; Juez y verdugo, estuvo presente previamente. Son como aves carro√Īeras que parecer√≠a que presienten la sangre y sobrevuelan con sus c√°maras y grabadoras listas, pero apuntan a un solo lado, el otro, el de los que les trajeron para darles la primicia, permanece impune.


Esa prensa que no acude a los actos de ciencia o cultura, a las graduaciones, a las exposiciones y defensa de tesis. ¡Qué va! eso no es noticia. ¡Noticia es la sangre! Y si que la tuvieron en fotos dignas del diario El Extra.


En uno de los canales de tv, por una sola ocasi√≥n y no la repitieron jam√°s, se presenta al m√©dico que lo atendi√≥ y dice textualmente: ‚Äúson traumatismos menores, el mayor trauma es el psicol√≥gico‚ÄĚ.


Pero es suficiente. Se acusa de delincuentes a los ni√Īos de los colegios. Se amenaza cerrar esos institutos por ser madriguera y formadora de terroristas, all√≠ disque est√°n los alkaeda criollos.


Tres guambras presos a los que les piden ocho a√Īos de c√°rcel. Expulsi√≥n de por vida de la academia de uno de ellos sin ning√ļn tr√°mite ni informaci√≥n sumaria. Desconociendo todo derecho, le expulsan a quien se gradu√≥ en d√≠as pasados.


Juicio por atentado criminal a una jovencita dirigente. Se ensa√Īan con otras chiquillas m√°s. En fin, como dir√≠a mi abuela, meti√©ndose con mujeres.


Si en el Consejo de ancianos, más bien de seniles, proponían la horca, la aprobaban por abrumadora mayoría, al fin la mayoría, repito, es para cobrarse venganza.


Pero no hace falta, para eso tambi√©n est√°n los medios de comunicaci√≥n independientes, al guambra dirigente decidieron colgarlo para escarmiento, si colgarlo, antes lo hac√≠an en postes, hoy en los noticieros, en los programas de reportaje, en la cr√≥nica roja, le exhiben, est√°n en todo lugar diariamente sacando un lado de la versi√≥n, repiten una y otra vez lo que hizo ayer, antes de ayer, para que todos los consumidores lo apedreen por el delito de ser ‚Äúchino‚ÄĚ.





Los ineptos gobernantes de Francia Luis XVI y los Romanof en Rusia se mantuvieron en palacio (en la toma de Versalles y de La fortaleza de Pedro y Pablo en distintas épocas) y fueron prisioneros y sometidos a tribunales populares. En el palacio de Carondelet, Lucio Gutierrez si huyó presuroso resbalándose y tropezándose con su maleta.




¬ŅAlguien puede imaginar saliendo presuroso, descontrolado, reptando por la ventana, a tientas, sin saber d√≥nde mismo poner el p√≠e, a a , a , al mismo que a la final impon√≠a respeto?


¬ŅRindiendo declaraciones acusatorias llenas de odio contra la juventud de sus propias aulas?


¬ŅHaciendo cola en las salas polvorientas, mal trechas y nauseabundas de los juzgados para firmar las denuncias contra jovencitas estudiantes?


¬ŅLlamando a la polic√≠a desde un servicio higi√©nico para que intervengan las fuerzas especiales y allanen la universidad, persigan y garroteen a los estudiantes de los colegios?


¬ŅEncabezando una marcha de provocaci√≥n en contra de una de sus instituciones acad√©micas?


¬ŅIncitando permanentemente al odio y al exterminio de grupos organizados estudiantiles universitarios, as√≠ sean pol√≠ticos?


¬ŅAtropellando procedimientos legales para cobrar venganza?


No, nadie puede imaginarse. A la final los nombrados fueron gente respetable, que trascendían la dignidad que ostentaban, que comprendían a la institución y a sus jóvenes, que se insertaban en el dialogo y no en la imposición, lejanos al odio. Ellos si verdaderos maestros.


Creen cobrar venganza y exterminar la oposición. En realidad, embriagados del triunfo, enceguecidos por el odio, cavan con más prisa su tumba.


Reflexionen, a tiempo.

La Sombra…
…Volveré, y ya veremos

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