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Pesadilla en la cocina: La croqueta infernal

Fuente: A todo diente...!!! Pecadillos gastronómicos.
31 del 5 de 2012

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Dado que en este momento no tengo ganas de cocinar, debido en parte al calor, en parte a mi natural vagancia y en parte a que nadie parece que tenga hoy intención de invitarme a una cervecita bien fría, me he propuesto escribir mi primera entrada en la nueva sección pesadilla en la cocina. Su título: "La croqueta infernal".

En este apartado, inaugurado por el gran MELMAVERICK, se tratarán todas esas experiencias desastrosas, esos incidentes, esos abortos gastronómicos que alguna vez nos han ocurrido, nos ocurren y nos ocurrirán mientras sigamos "jugando" entre fogones.

El infernal amago de receta que hoy nos ocupa fue concebido por mi calenturienta imaginación cierto día en que, dispuesto a cocinar unas deliciosas croquetas de jamón ibérico, se me ocurrió darles un toque innovador sólo atribuíble a un estado de enajenación mental transitoria, residente, o permanente... ¡Vaya usted a saber!

Vamos a ver cómo se engendró esta criatura, procedente del mismísmo averno, paso a paso:

La receta empezó con normalidad. Primero rehogué la mitad del jamón en una mezcla de aceite de oliva y mantequilla, en las proporciones justas y, tras apartarlo, doré la harina en esta misma grasa para eliminar el sabor a "crudo" y transmitirle, de paso, el gustito del jamón...

Le fui a√Īadiendo leche, previamente infusionada con un fant√°stico ejemplar de hueso de jam√≥n ib√©rico que daba gloria verlo, poco a poco y removiendo constantemente...

Todo a fuego lento y sin parar de mover, introduje en la masa el jamón, mitad rehogado y mitad en crudo (a mí me gusta así) y un toque de nuez moscada. Y así seguí dando vueltas sin parar durante cerca de una hora hasta que logré la consistencia deseada. Puntito de sal y a dejar enfriar. Quedó sin grumos, cremosa, delicada, perfecta, insuperable, inconmensurable, ¡de 11 sobre 10! Modestia aparte...

Y aquí viene cuando(imagen) "la matan". Tras dejar enfriar la masa durante todo un día, llegó la hora de dar forma, rebozar y empanar las croquetas. Dispuse tres cuencos con harina, huevo y pan rallado respectivamente. Ahí fue cuando se me encendió "la bombilla"... esa jodida bombilla que a veces nos ilumina y a veces hace que se nos fundan los plomos. En mi caso ocurrió lo segundo.

El caso es que pens√©: ¬Ņpor qu√© en lugar de hacer multitud de peque√Īos bocados no hago un √ļnico "megacroquet√≥n" con toda la masa?

La imaginación, que es libre, dibujó esta aberración en forma de una especie de tortilla de patata, pero sin patata ni huevo. Es decir, con su mismo aspecto, pero con un crujiente rebozado y empanado exterior, y un cremoso interior formado por la bechamel. No sé si os hacéis una idea de lo que quiero decir...

Puesto que tenía invitados, pensé que sería una buena idea sorprenderles con una receta original y, en teoría, exquisita. Dos consejos os daré en este momento: 1) los experimentos se hacen con gaseosa, no con jamón ibérico; 2) nunca utilicéis a vuestros invitados como conejillos de indias para vuestras "geniales" ocurrencias...

Como la masa reposaba en un molde circular, del tama√Īo aproximado de la sart√©n m√°s grande que ten√≠a, lo vi todo muy f√°cil. ¬°Bendita inocencia...! Extend√≠ un papel de horno antiadherente sobre una mesa, espolvore√© harina tamizada sobre √©l, distribuy√©ndola lo mejor posible, y volqu√© ah√≠ el contenido del molde. De momento, sin problemas. Esparc√≠ despu√©s harina sobre la otra cara, dando unos golpecitos con la palma de la mano para que se asentara; y tambi√©n en los laterales.

Era hora de pasar todo eso por el huevo... Ah√≠ empezaron a surgir las dudas. Pero, ¬Ņpara que sirven si no esas maravillosas brochas de cocina? As√≠ pues, vert√≠ huevo batido sobre la parte de arriba del "monstruo" y, con ayuda de la brocha, lo extend√≠ sobre su superficie superior. He de confesar que en ese momento ya se empez√≥ a formar un cierto "barrillo" al que entonces no conced√≠ demasiada importancia. En ese momento s√≥lo hab√≠a que darle la vuelta y "enhuevar" (con perd√≥n) la parte de abajo.

Por experiencia sé que estas cosas hay que hacerlas con decisión. Así que para darle la vuelta, con las manos, así un borde, así el otro y ¡zas! la masa rota por la mitad. No pasa nada, pensé, esto con el calor se volverá a unir en la sartén. Y para empanar, la misma operación. Resultado: la masa ya estaba dividida en cinco trozos. Empezaba a vislumbrarse un final no muy feliz para el croquetón...

Una gran duda, m√°s alargada que la sombra del famoso cipr√©s, me asaltaba a la hora de fre√≠r "la cosa"... ¬Ņuso poco aceite o, por el contrario, abundante grasa humeante como en una fritura de croqueta tradicional? Opt√© por la primera f√≥rmula pensando que si no resultar√≠a un conjunto muy aceitoso. Graso (digo, "craso") error. Uno de tantos. Puse dos cucharadas soperas rasas de aceite en el "sarten√≥n" y, con el fuego al m√°ximo, esper√© a que humeara. Llegados a este punto, coloqu√© en el recipiente como pude los trozos del engendro esperando que, por efecto del calor, retomara su entereza original.

Pero no. Os puedo asegurar que los efectos especiales de una de las entregas de la saga "Terminator" no pasan de ser eso: meras ilusiones cinematogr√°ficas. La croqueta (o lo que fuese en ese momento) cada vez se agrietaba m√°s. En ese momento empec√© a percibir un cierto olor a quemado. ¬°Dios m√≠o! ¬ŅC√≥mo le doy la vuelta a "esto"? Ni corto ni perezoso utilic√© el viejo truco de voltearla con un plato. Lo que no tuve en cuenta es que, precisamente debido al calor, la masa (el bechamel) hab√≠a empezado a descomponerse soltando toda su grasa (aceite y mantequilla) al fondo de la sart√©n que, como no pod√≠a ser de otra forma, estaba abombada y no era totalmente plana como las de ahora. Os pod√©is imaginar el quemazo que me pegu√© con el aceite hirviendo al girarla.
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Tras un ratito de alivio bajo el chorro de agua fría (esto me suena...) y acordándome, escatológicamente hablando, de todos los santos conocidos, de los desconocidos e incluso de algunos que ni siquiera creo que existan, volví a ver qué es lo que había pasado.

Aquí fue cuando lo vi claro, que ya era hora por cierto. Tal como sucedió con el Titanic, el proyecto estaba predestinado a acabar en catástrofe. Se había convertido en una masa amorfa, grasienta y quemada. Tras acordarme de los padres, las madres y demás familiares de los santos anteriores y de todas las divinidades habidas y por haber (creo que incluso inventé alguna religión nueva) y no contento con el desastre, pensé en cómo arreglar el desaguisado.

No se me ocurrió otra cosa (al parecer tenía el día espesito, espesito...) que deshacerme del exceso de grasa, raspar lo que pude el quemado exterior y meter la batidora a tope de revoluciones. El primer "grumazo" fue en mi pelo y el segundo en un ojo. No había solución posible. Aquello era asqueroso.

El cubo de la basura fue su √ļltimo destino. Descanse en paz...

Si el chef Gordon Ramsay, inspirador del nombre de esta sección, hubiera estado a mi lado, sin duda me acusaría de haber intentado envenenarle. Y con razón...

Por √ļltimo, os juro que la ensalada mixta y las latas de mejillones que abr√≠ como alternativa a las croquetas, me supieron a gloria.

Buen provecho y, por favor, no repitan este experimento en sus casas.



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