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La Pe√Īa Celestina. Milagros, fantasmas y suicidas

Fuente: Historias del cuarto de atr√°s.
6 del 12 de 2012

Casi a orillas del Tormes se levanta, veinti√ļn metros sobre el nivel del suelo, la pe√Īa Celestina.

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¬ŅTom√≥ su nombre de la famosa ? o ¬ŅEl nombre de la pe√Īa exist√≠a antes, y bautiz√≥ a la ficci√≥n literaria?

Son preguntas sin respuesta, porque el origen del nombre de la pe√Īa se pierde en el tiempo. No se ha encontrado documentaci√≥n para datarlo. 

Para mayor confusi√≥n se refiere tambi√©n a la pe√Īa por el nombre de . Este nombre se le empezar√≠a a pegar a la pe√Īa a finales del siglo XVII, cuando se instalan en su cima los padres Cayetanos sobre las ruinas de lo que fue el Alc√°zar de Salamanca. (Aunque otras fuentes dicen que los Cayetanos se instalan en una edificaci√≥n junto al Alc√°zar).



Al margen del misterio de su nombre, el estudio geol√≥gico de la pe√Īa Celestina nos regala una curiosa historia. En , afirma:
Los ecos milagrosos del agua de la pe√Īa se filtran tambi√©n en las p√°ginas de , un peri√≥dico que en 1906 hace alusi√≥n, aunque en tono algo jocoso, a las virtudes milagrosas del agua de la pe√Īa Celestina.

Tanto el geólogo como el periodista, a pesar de su escepticismo, dan testimonio escrito de que .

¬ŅD√≥nde ha ido a parar ese agua ahora? ¬Ņse ha desviado hacia alg√ļn otro lugar? ¬Ņel manantial se ha secado? Aunque he intentado buscar informaci√≥n no he encontrado nada. El agua de la pe√Īa Celestina, como su fama de milagrosa, ya no est√°.

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Pero el agua no es lo √ļnico milagroso en la pe√Īa Celestina. En esta zona, la muralla de la ciudad ten√≠a una puerta llamada . Villar y Mac√≠as explica que:
Bernardo Dorado da otra explicación:
Junto a la pe√Īa Celestina hoy podemos ver los a la que alude Bernardo Dorado. (Son esos restos cubiertos por una urna de cristal que pueden contemplarse a pocos metros de la pe√Īa Celestina, si la condensaci√≥n del agua lo permite. Que digo yo, si a lo mejor todas esas gotas de agua que se acumulan dentro de la urna, especialmente sobre los restos funerarios, no estar√°n da√Ī√°ndolos de alg√ļn modo‚Ķ A lo mejor con un poco de ventilaci√≥n se solucionaba el problema‚Ķ)

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A la parroquia de san Lorenzo , que debió de ser aterradora a juzgar por el grosor de los restos de la parroquia. Esos restos se encuentran en la actualidad donde aproximadamente consideran que estuvo localizada la parroquia de san Lorenzo en sus tiempos.

Es decir, que en la zona de la pe√Īa Celestina se situaba la puerta de san Lorenzo o de los Milagros, con una imagen de la Virgen de los milagros en su muro, o bien con una ermita cercana dedicada a nuestra se√Īora de los Milagros. Y en cualquiera de los dos casos, los milagros proliferaban en las proximidades de la pe√Īa Celestina.

Nada se sabe si la tradici√≥n milagrosa de aquella Virgen de los Milagros tiene algo que ver con las aguas milagrosas de la pe√Īa. Pero no deja de ser una interesante coincidencia.

Por la zona discurría también , que fue canalizado en el siglo XVIII

La barriada de casas de esta zona de la pe√Īa Celestina tom√≥ su nombre de la puerta de los Milagros (o qui√©n sabe si de los milagros que por all√≠ sucedieran),  y empez√≥ a llamarse
. En los tiempos de la repoblaci√≥n se construye sobre la pe√Īa el . Se levanta sobre las ruinas de otra edificaci√≥n anterior conocida como .  A la nueva edificaci√≥n se la llama .

Durante la los franceses nos dinamitan todo lo que pueden y m√°s, y la zona de la pe√Īa Celestina y alrededores nos la dejan tan sembrada de escombros, que el barrio de los Milagros empieza a conocerse tambi√©n por .

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describen as√≠ las ruinas que vemos en la actualidad sobre la pe√Īa Celestina:
perteneció a una edificación moderna que
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Las ruinas de los monumentos destruidos y las casas modestísimas que se van levantando en el entorno dan al barrio de los Caídos un aspecto algo siniestro. :

El Viernes, 17 de agosto de 1906, la noche envuelve en tinieblas la zona de la . Se adivinan a la luz de la luna los perfiles escarpados de la .

Es tarde y los vecinos han cerrado ya puertas y ventanas, dispuestos a pasar la noche. De pronto, :

‚ÄĒ¬°Poloniaaaaaa! ¬°Aquellos ratos que pas√°bamos!

La frase en s√≠ no es muy impresionante, pero el tono atormentado de los gritos s√≠ lo ha sido y ha inquietado mucho a los vecinos. Preocupados, se mantienen a la escucha. El silencio m√°s absoluto, interrumpido apenas por el piar de alg√ļn murci√©lago, sigue a las gritos y tiene un efecto calmante sobre el vecindario. Hasta que

‚ÄĒ¬°Poloniaaaaaa! ¬°Aquellos ratos que pas√°bamos! ¬°Poloniaaaaaa! ¬°Poloniaaaaaa!

El esp√≠ritu de los vecinos m√°s medrosos se achica, y se esmeran en comprobar las puertas y en cerrar esa ventana que han dejado abierta para aligerar el pesado calor de una noche de verano. Los m√°s aventureros se arman de farol y alg√ļn palo, descorren los cerrojos de las puertas, y salen a desafiar la tiniebla en busca de una explicaci√≥n para esos gritos.

A la ma√Īana siguiente los vecinos del barrio no paran de hablar de , que fue vista la noche anterior recorriendo el barrio de los Milagros. 

La noche del s√°bado, los con palos, se han organizado por si el episodio se repite, dispuestos a dar un buen escarmiento al sin duda gamberro que est√° asustando al barrio. No se equivocan, porque los mismos gritos desgarrados se escuchan de nuevo:

‚ÄĒ¬°Poloniaaaaaa! ¬°Poloniaaaaaa!

Se han oído con toda claridad y sin embargo los improvisados guardianes del barrio de los Milagros, por más que agitan faroles y palos, no logran descubrir al autor de gritos tan desesperados.

Al d√≠a siguiente por toda la ciudad, y  como no puede ser de otra manera, asalta las redacciones de los peri√≥dicos. Los reporteros, deseosos de despertar del largo letargo estival, se lanzan a la calle.

Recorren el barrio preguntando a los vecinos. Hablan con los serenos, y también buscan la opinión de los guardias.

Regresan a casa con la sensación de haber pateado un por la superstición de sus habitantes, por la pobreza reinante, y porque literalmente el barrio está envuelto en una oscuridad más propia de la Edad Media que de principios del siglo XX, y el Ayuntamiento no parece estar demasiado preocupado por combatir con algo de iluminación semejantes tinieblas.

Los días siguientes, .

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Fotografía cedida por .

La fotografía sobre estas líneas recoge el aspecto que tenía la zona en 1990. Si ésas eran las condiciones que existían en los noventa, ¡cómo serían a principios del siglo XX! A la vista de la fotografía queda claro que las denuncias de los periodistas estaban más que justificadas. Aunque también a la vista de la fotografía da la impresión de que las denuncias de aquellos periodistas de 1906 de poco sirvieron.

Embarcados además en una cruzada contra la superstición, aquellos redactores se esmeran en .

publica la opinión de un guardia de la autoridad:
informa que el autor de las voces es un , que incapaz de soportar el dolor se emborracha cada noche y sale a gritar su pena al barrio de los Caídos.

apunta tambi√©n a un joven zapatero que seg√ļn los redactores ‚Äúgoza entre nosotros de justa fama de y de hombre de ingenio‚ÄĚ...

Para no alimentar la irracionalidad, los periódicos charros se niegan a publicar las de los Milagros, a las que por otro lado no dudan en calificar de
D√≠as m√°s tarde, publica una dirigida al director del peri√≥dico, donde se informa que la noche de la primera aparici√≥n del fantasma un honrado vecino de los Milagros hab√≠a decidido bajar al r√≠o a darse un ba√Īo, y al salir del agua se encontr√≥ con que le hab√≠an robado la ropa y s√≥lo hall√≥ en la orilla una s√°bana blanca. Envuelto en ella corri√≥ hacia su casa. Para el autor de aquella carta, el misterioso fantasma no era m√°s que el .

Ya fuera el propietario de las desgarradoras voces el mozalbete enamorado, el zapatero bromista, el viudo desesperado, el honrado ba√Īista desnudo,, o el fantasma espantosamente tremendo, lo cierto es que las voces siguen escuch√°ndose en el barrio.

El fantasma de los Caídos pronto empieza a ser conocido en Salamanca como . Se convierte en el fantasma charro más famoso, y durante varios días es capaz de protagonizar las tertulias y de reunir por las noches en el barrio a cientos de curiosos, procedentes de todos los rincones de la ciudad, ansiosos de ver al fantasma.

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de los curiosos que por la noche se acumulan expectantes a la caza del Fantasma Enamorado. ¬ŅC√≥mo es que un ba√Īista desnudo que no querr√≠a llamar la atenci√≥n llama a gritos a Polonia? ¬ŅC√≥mo es que un viudo borracho no es descubierto caminando tambaleante por las calles del barrio mientras se escuchan sus gritos? ¬ŅC√≥mo es que se escuchan las voces pero nadie es capaz de ver al mozalbete enamorado o al zapatero bromista‚Ķ? 

Desde los periódicos se apunta a las :
Un par de preguntas: ¬Ņse han cerrado esas cuevas? ¬Ņd√≥nde est√° ahora la entrada de las cuevas? No es, ni mucho menos, que yo vaya a lanzarme en plan espele√≥loga aventurera, linterna en mano, a explorar las profundidades de la pe√Īa, pero aunque s√≥lo sea como curiosidad estar√≠a bien localizar d√≥nde estaba, o est√°, la entrada a esas cuevas. Sobre todo por las resonancias que la palabra cueva tiene para Salamanca.

De hecho, cuando Bernardo Dorado habla de , habla también de la Cueva de Celestina. Y cuando otros historiadores le han citado a él, algunos han hablado de la cueva de Celestina como sinónimo de la Cueva de Salamanca.

Adem√°s, algunos estudiosos literarios a la hora de situar en Salamanca la vivienda de Celestina en la , apuntan como posibles localizaciones tanto la pe√Īa Celestina, como las inmediaciones de la cueva de san Cebri√°n. 

Con lo que, o mucho me emparanoio yo o . No s√© yo si las alusiones de los peri√≥dicos a las cuevas bajo la pe√Īa no les traer√≠a a los lectores de entonces las resonancias m√°gicas de la Cueva, excitando a√ļn m√°s la atracci√≥n por el fantasma. Pero esto s√≥lo son suposiciones.

. O mejor dicho, imitadoras:
, bajo el t√≠tulo ‚Äú‚ÄĚ, da cuenta del siguiente suceso:
Hubiera o no un fantasma en el barrio de los Milagros, lo cierto es que los periodistas dejan de escribir sobre el extraordinario suceso. Los salmantinos dejan de hablar de ello.  Las salmantinas  se cansan de imitar al fantasma. Y
La pe√Īa Celestina y su barrio seguir√°n asom√°ndose de vez en cuando a los peri√≥dicos. Porque, durante a√Īos, del barrio de los Milagros
Son muchos los ocurridos en la pe√Īa Celestina, de los que dan cuenta los peri√≥dicos de :

, un veterinario de cincuenta a√Īos, viudo, que se dirigi√≥ el 3 de junio de 1905 a la Puerta del R√≠o. De camino a la pe√Īa, que estaba a la puerta de su casa. En lo alto de la pe√Īa Celestina , y abajo en el suelo y con el que escribi√≥ al juez en la que ped√≠a que a nadie se culpara de su muerte. El redactor de termina el art√≠culo diciendo:
El 17 de enero de 1908, , veintid√≥s a√Īos, cochero, , y se arroj√≥ acto seguido por la pe√Īa Celestina. El periodista de habl√≥ con amigos y compa√Īeros del joven y explica que unos d√≠as antes √Āngel Calvo hab√≠a en la estaci√≥n. Un determin√≥ que la contienda tendr√≠a que resolverse en el y termin√≥ por darle al joven un bastonazo en la nariz, del que tuvo que ser atendido en la . Desde aquel d√≠a el muchacho se mostraba muy preocupado porque pudiera pasarle ‚Äúalgo gordo‚ÄĚ al tener que ir al juzgado. El 17 de enero, poco antes de tomar el camino de la pe√Īa Celestina, con el coche a un y lo mat√≥. El periodista se lamenta:
En febrero de 1889 El Fomento publica lo siguiente:
En junio del a√Īo siguiente, al dar cuenta de otro suicidio denuncia:
No quiero terminar sin dedicar alg√ļn p√°rrafo a esos que hab√≠an llevado a un suicida a lo alto de la pe√Īa Celestina, que preguntaban aqu√≠ y all√° para entenderlo, y . Un periodismo adem√°s, el de anta√Īo, que en la redacci√≥n de las noticias. Porque la actualidad no tiene por qu√© ser incompatible con la diversi√≥n, el sentimiento y la literatura. La lectura de muchas de las p√°ginas de esos peri√≥dicos antiguos es un aut√©ntico placer.

Gracias a aquellos an√≥nimos periodistas, la Pe√Īa Celestina hoy es de otro color.  Del color de aquel bast√≥n que se qued√≥ solo en lo alto de la pe√Īa. Del color del pa√Īuelo que vend√≥ la desesperaci√≥n de un joven. Clara como el agua milagrosa que alguna vez destil√≥ la pe√Īa. Y Oscura y emocionante como el fantasma que am√≥ a Polonia.


A mi hermana Carmen Rivas que con mucho interés ha buscado y aportado información para la elaboración de este post.

A Pablo Almeida, autor del blog , que amablemente ha cedido la fotograf√≠a del barrio de los Milagros en los a√Īos noventa, para que se publicara aqu√≠.


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