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Historias de la calle de la Rúa

Fuente: Historias del cuarto de atrás.
6 del 12 de 2012

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la calle de la Rúa está formada por que forman rincones propensos a acumular desperdicios y malos olores.

casi a los pies de la Catedral. Apenas dejar atrás la entrada a la calle Palominos, un caminante de aquella época lo que encuentra en un gran muro, ; De modo que a aquella Rúa algo tortuosa y maloliente no le queda otra que respetar los muros de Teresa Zúñiga, discurrir por la que hoy conocemos como Rúa Antigua y desembocar en la plaza de san Isidro.


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El Ayuntamiento disconforme con la situación planifica un el que hoy conocemos. Y empieza a expropiar todas las casas que se salen del trazado, incluyendo también la propiedad de Teresa Zúñiga.

. Sobre todo para los que son comerciantes y artesanos modestos que se ven obligados a aceptar lo que les paga el consistorio por su casa, y a gastarlo para levantar en su lugar nuevas edificaciones perdiendo los metros cuadrados que se salen del trazado establecido por el Ayuntamiento.

El perjuicio que sufren quedaría compensado, según el Ayuntamiento, con la . Hasta el Cabildo promete  que una vez abierta la calle “construirá una hermosa y artística escalinata que dé acceso digno al atrio de la Catedral”.

Sin embargo la prometida revalorización de las casas empieza a retrasarse porque está decidida a defender sus propiedades con uñas, dientes, abogados y su mucho dinero. Y .

Es posible que fuera a partir de entonces, cuando Teresa Zúñiga se granjea la antipatía de los salmantinos y los sobrenombres: ” o ”. ; en los periódicos, en las tertulias de café, en las charlas de vecindario… Vecinos y periódicos se enfrentan. Unos porque comprenden la postura de la propietaria a defender su propiedad privada, y otros porque consideran que el interés general de los salmantinos tiene que prevalecer sobre los intereses particulares de la acaudalada señora.

Entre la espada y la pared, entre una y otra postura, se encuentra el Ayuntamiento, que nada acostumbrado a que se recurran ante la jurisdicción de lo Contencioso-administrativo ninguna de sus decisiones, se queda un poco sorprendido por la actitud jurídico-belicosa de “la Corneja”. Paralizados sin saber bien qué hacer empiezan a .

Y se van crispando los nervios del resto de vecinos afectados, que sin tantos recursos económicos como Teresa Zúñiga, han sido expropiados sin posibilidad de rechistar. Enseguida arrecian las .

Leyendo los periódicos de la época, tarda poco en llegarse a la conclusión de que , desde la superioridad que creían tener por ser su enemigo una mujer. Así como suena. que irremediablemente contaminaba también a las masculinas comisiones consistoriales.

Leer en la prensa histórica la narración de   es muy gracioso ( o muy triste, según el día que se tenga…).

El domingo 7 de noviembre de 1886 cuenta que a las cuatro y media del jueves anterior, Teresa Zúñiga recibe en su polémica casa a la comisión del Ayuntamiento.

A lo mejor aquellos hombres consistoriales esperaban que la mujer iba a invitarlos a un femenino cafetito con picatostes o algo similar, porque si no es incomprensible que la sorpresa más mayúscula se dibuje en los rostros de la comisión del Ayuntamiento cuando . Los miembros de la comisión del Ayuntamiento no salen de su asombro y se lamentan de la siguiente curiosa manera:


Claro… De todos es sabido que las mujeres del siglo XIX eran todo corazón y sin medio gramo de cabeza… No contentos con esa afirmación la narración de aquellos hechos continúa así:


La verdad es que tras un párrafo así no se sabe bien si llenarse de rabia o reírse hasta hartarse de hombres tan condescendientes, que pensaron que la propietaria por ser mujer actuaría de manera descabezada, sin más guía que la vibración irracional de un corazón “femenino” repleto de vaya usted a saber qué misterioso sentimentalismo…

Es verdad que muy decimonónicamente, no entró en aquel despacho y dejó que la comisión del Ayuntamiento se entendiera con su abogado y su marido. Sin embargo un pequeño párrafo del periódico deja entrever que .

A propósito de la forma de pago de la expropiación en caso de llevarse a efecto, el marido de Teresa Zúñiga dice a los miembros de la comisión que “no había dificultad en que el pago se hiciera a plazos”. Al terminar la reunión uno de los miembros de la comisión del Ayuntamiento quiere dejar fijado más formalmente ese punto:

Se ve que y muy respetuoso con las decisiones que ella tomara. A lo mejor resulta que no todos los hombres del siglo XIX eran machistas. La actitud de Ramón Bermúdez nos abre esa esperanzadora duda, y nos confirma que las decisiones sobre la propiedad las tomaba, como debe ser, la propietaria.

A partir de este momento . La demanda contencioso-administrativa de Teresa Zúñiga sigue su curso y a pesar de ello el Ayuntamiento sigue intentando acercamientos con la propietaria para que desista amistosamente de su batalla legal y acceda a la expropiación.

El motivo del enfrentamiento es que . Pero relativa exclusivamente a la parte que estorba al nuevo trazado de la calle de la Rúa.

El 26 de marzo de 1890, cuando falta poco para que se dicte resolución a la demanda de Teresa Zúñiga, el alcalde se pone al frente de una cuadrilla de obreros, y con el apoyo de unos cuantos concejales comienzan, por las bravas, el derribo de la tapia y de las construcciones de Teresa Zúñiga que estorban al deseado trazado de la calle de la Rúa.

Los periódicos reconocen que el señor . Y aún así le manifiestan  su apoyo. Según la prensa, de su “alcaldada” no sólo se enorgullece toda Salamanca sino que el Universo entero la celebra obsequiando a los salmantinos con un primaveral día repleto de sol, altas temperatura y un cielo azul vivísimo…  y resolver un problema que la ciudad había arrastrado durante años…

Es indudable que la apertura de la calle de la Rúa entregó al futuro, a nosotros y a los que vengan después de nosotros, una calle mucho más bonita y más limpia. Pero Pobres que acatan la expropiación sin posibilidad material de plantear la menor reclamación. Ricos que dilatan el conflicto en el tiempo porque pueden y porque se niegan a dar su brazo a torcer. y tiran por la calle del medio sin importar el resultado de sentencias judiciales, y . Vamos, lo de siempre…

. Tras el relato de los hechos cabe hacerse algunas preguntas. Si Teresa Zúñiga y Cornejo hubiera nacido hombre, ¿habría sorprendido tanto y habría sido igual de mayoritariamente incomprendida su actitud de defender sus propiedades contra la decisión del Ayuntamiento? ¿Las gentes y los periódicos habrían hecho la misma chanza y le habrían adjudicado igual los motes de “la corneja” o “el de la tapia”? Si la demanda al Ayuntamiento la hubiera puesto un hombre, ¿habría perdido el Ayuntamiento tanto tiempo en visitas amistosas para intentar que ese hombre entrara en razón y desistiera de su demanda, o sencillamente habrían asumido que la batalla legal era inevitable?


Una vez derruidos el muro y las edificaciones de Teresa Zúñiga que afectaban a la prolongación de la Rúa, Se trataba en realidad de dos grandes casas con entrada por la calle Estafeta (hoy Francisco de Vitoria):


Además de las dos casas, la propiedad de Teresa Zúñiga incluía corrales, paneras y otras dependencias.

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Semanas atrás comentamos el estado del mirador de esa casa. Ahora ya luce completamente restaurado.


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Han cambiado el color de la madera añosa por un tono tirando a crema que funde bien con la fachada. No sé si en una época anterior el mirador ya habría lucido este color claro. A lo mejor sí, porque devolver el objeto a su estado más original suele ser la meta de las restauraciones. En cualquier caso, en mi opinión (intuitiva porque de arquitectura no tengo ni idea) el resultado es acertado.

Esta casa, con el alma dividida entre la Rúa y Anaya, . Su construcción se localiza a finales del siglo XIX, , cuando se materializó el derribo de los corrales, paneras y muros de Teresa Zúñiga, sobre cuyos terrenos se levanta.

La casa del mirador esquinado, y las demás que se construyeron en el lugar de las expropiadas hicieron posible que la calle de la Rúa se deshiciera de su carácter tortuoso, algo sucio y maloliente y se fuera convirtiendo en una

En el número 55, de entonces, abre en 1887 . Un café-teatro que ofrece a sus clientes espectáculos de ópera, zarzuela, conciertos. Cierra en 1890, pero enseguida reabre con nuevo propietario, nuevo concepto de negocio y nuevo nombre:

Con el tiempo abren hoteles. .

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Del edificio que albergó este hotel sólo queda la fachada apuntalada, que tienen obligación de conservar. El característico letrero del hotel lo retiraron en su día con promesa de restituirlo a su lugar cuando estuviera hecha la nueva construcción. Esperemos que lo hayan guardado bien, porque lo de la nueva construcción va para largo…


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Debió de ser bastante amplio porque además de ocupar el edificio que actualmente tiene el número 4, también ocupó el edificio contiguo, y otro  edificio en la parte de atrás con fachada al Corrillo. El hotel Victoria se mantuvo abierto hasta casi la guerra civil.

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Tener una calle con edificios del siglo XIX es un regalo que debemos conservar. De muchas de aquellas casas decimonónicas de la calle de la Rúa por desgracia nos quedan ya sólo las fachadas. Otras, como la del mirador esquinero al final de la calle, por suerte resisten.

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En su siglo y pico de existencia la de miradas que habrá recogido el mirador. Miradas tristes, ilusionadas, curiosas, rotas, decepcionadas…, cuántas historias habrán desfilado a los pies de ese mirador. El mirador esquinero y centenario, de espaldas al palacio viejo, y medio vuelto al reloj de la Catedral que marca el paso de los siglos, contagiándonos un poco de la perspectiva serena que regalan los espacios antiguos, calmando y miniaturizando alegrías y penas, recordándonos que esto, sea bueno o malo lo que nos pasa, ya le ocurrió a otros y que también pasará.

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