ahorro

Las ferias de septiembre. Diversiones de nuestros bisabuelos

Fuente: Historias del cuarto de atrás.
6 del 12 de 2012


(imagen)

Llegaron otro año más las ferias de septiembre. El circo, el tiovivo, la noria y la casa del terror regresaron a la Aldehuela que volvió a oler a algodón dulce y a manzanas de caramelo. La calle dejó de ser nuestra y otra vez la ocuparon el padre Lucas, la Lechera y las casetas con pinchos variados, litros de cerveza y tintos de un verano que se termina.

. Cuentan las malas lenguas que Enrique IV y su vida alegre traían a mal traer a muchos de sus súbditos, convencidos de que el rey estaba más pendiente de sus asuntos amorosos que de los asuntos de España. Sectores descontentos de la nobleza toman la decisión de levantarse contra el rey. En aquellos tiempos se las gastaban así.

En Salamanca, caballeros del bando de san Benito se rebelan contra Enrique IV y se adueñan del Alcázar de san Juan (cuyas ruinas aun resisten en lo alto de la Peña Celestina). Las fuerzas leales al rey lo recuperan, y para evitar que nuevos rebeldes se hagan fuertes en tan estratégico enclave, no tienen mejor ocurrencia que destruir la fortaleza.

El 27 de agosto de 1467 Enrique IV, feliz de haberse librado por fin de aquel nido de rebeldes, que hoy disfrutamos (o sufrimos según el día o el estado del humor.) En aquel tiempo , y establece que durará desde el 8 hasta el 21 de septiembre.

A partir de ese momento, durante los días de feria se dan cita en Salamanca mercaderes de diferentes localidades. Los la hacen muy popular y la sitúan a la altura de las más importantes del reino.

Desde finales del siglo XIX, la prensa histórica no ha parado de vaticinar la desaparición de la feria de septiembre por la progresiva pérdida de su utilidad económica (cada vez eran menos los que venían al mercado de ganados y más los que venían de fiesta. Se ve que a Salamanca le viene de muy largo la fama de fiestera).

(imagen)

Pero el lado fiestero de la feria también ha sido objeto de crítica por parte de la prensa histórica: que si ferias que no parecen ferias, que si ferias que parecen siempre la misma feria… Y algo de razón no les faltaba, porque echando la vista atrás, las ferias de Salamanca siempre han sido la misma feria. . Y es que hay cosas que nunca cambian, o que cambian poco.

A finales del siglo XIX y principios de XX para ver los tendríamos que ir al campo de san Francisco, a las eras de las Carmelitas, o a la Alamedilla. Lugares donde según la prensa los charros quedaban “extasiados ante los cohetes y las ruedas de fuego”. Pero para ver este espectáculo tendríamos que salir de casa un poco antes que en la actualidad, porque los fuegos artificiales comenzaban a las ocho y media de la tarde.  En 1917 comenzaron ¡a las siete y media! ¿sería ya de noche a esas horas? Los pirotécnicos al principio eran locales. Más tarde los fuegos provenían de Palencia, de Zaragoza y alguna vez se anunció en los programas fuegos del Japón.

Si después de los fuegos quisiéramos ir a un concierto tendríamos que ir, como hoy, a la Plaza Mayor. No tenían que levantar un escenario porque en el centro existía un templete. Y a falta de un Carlos Jean subían al templete a la banda de algún regimiento militar, o a la sección de cornetas del muy conocido entonces batallón infantil.

(imagen)

El chavalín de la foto fijo que cuando terminaba de soplar la corneta no se perdía la salida de los cabezudos. Recorrían ya entonces las calles, como hoy, precedidos por las carreras de los niños. Aunque hoy los niños ya no griten aquello de: ¡El padre Lucas y la Lechera! Gritos que hasta hace bien poco todavía se escuchaban.

En 1910 el Adelanto describe así la diversión de los cabezudos:
Y vive el cielo que las gigantillas no han desaparecido. Si pudiéramos charlar con Juan de Salamanca habría que decirle que ciento dos años después de su artículo las gigantillas siguen saliendo a la calle a perseguir a los niños, y que los niños aún no se han vuelto formales. Y que ciento dos años después de su artículo los grandes seguimos igual sin tener derecho a hacer de chiquillos. Qué faena…

(imagen)


En 1913 Juan de Salamanca nos regala otra descripción de los cabezudos:
Si alguien piensa que exhibir un en la plaza Mayor es novedoso, se equivoca. En 1906 ya podríamos presenciar en la plaza mayor exhibiciones de globos aerostáticos.

Los espectáculos a base de bicicletas llevan también mucho tiempo metidos en nuestras ferias. Desde finales del siglo XIX se podían ver en la Carrera de la Glorieta.

En 1885 ya se realizaba una de la ciudad. Sólo que entonces duraba todos los días de feria. Así que nuestra actual jornada de puertas abiertas no es más que una descendiente roñosa de aquellas dos semanas enteras de puertas abiertas.

Las exhibiciones de también fueron cosa del pasado:  el 9 de septiembre de 1914 a las cinco de la tarde, un monoplano evolucionó admirablemente sobre las cabezas de los asombrados salmantinos.

se han situado en diferentes lugares. En tiempos estuvieron , de ahí pasaron a la , emplazamiento que fue objeto de mucha crítica porque los ruidos de la feria, incluidos los rugidos de las bestias africanas que se exhibían, molestaban a los inquilinos del Hotel Comercio, situado donde hoy está el vacío edificio del Banco de España. Más tarde trasladan las casetas de feria a la , y a principios del siglo XX se decide que el mejor lugar es ya que

Si nos adentráramos en la Alamedilla de principios del siglo XX para dar un paseo entre las atracciones de feria, podríamos echar un vistazo a los juguetes que se vendían: muñecas, tambores, caballos, sables, trompas, aros, pitos, tirinenes. Podríamos consultar nuestro futuro a o al , un hombre que proclama sus dotes de adivinador y que se ayuda de un aparato calificado en la prensa como “muy sugestivo”, y que al final entrega sus predicciones en un misterioso sobre cerrado. Con el futuro bien guardado dentro del sobre pesándonos en el bolsillo, se podría uno desfogar jugando al , o al , o subiendo a , o a (“columpios en forma de barcas donde “las mozas chillan como si las pincharan”), sumergirnos en , contemplar a un hombre que mastica estopa encendida, endulzarnos la vida con unas pastillas de café, o ir al y comprarle “una de esas cosas tan largas, tan largas, que se estiran como si fueran de goma, y que saben tan ricas.” Mucho después, en la Alamedilla de los años cincuenta, podríamos subir a la , hacer un y entrar en .

No tener una mula, o un buey que vender, o no tener que comprar algún apero de labranza no era excusa para no visitar ; cada vez menos animado con el correr de los años.

(imagen)

 

(imagen)

El 11 de septiembre de 1916 el Adelanto nos describe el mercado de ganados:
Una . Muy a tono con el clasismo rabioso de aquellos periodos, se organizaban para el común de los mortales en plazas y plazuelas de la ciudad, y para los miembros de las familias de mejor renombre y posición. En este viaje que estamos haciendo al pasado de las ferias, no tengo claro si tendríamos alguna posibilidad de entrar en aquellos bailes de sociedad para ver cómo eran. Me da la impresión de que iban todos por invitación y tendríamos que tener algún amiguete entre lo más granado de la Sociedad salmantina.

Estos bailes se celebraban en , y en salones y círculos de recreo como el llamado Salón artístico salmantino, o en la Sociedad Unión Mercantil, o en el salón oriental o el Circulo de la Perla…

En nos cuentan un poco de cómo eran aquellos bailes de sociedad:
Los bailes populares de las plazuelas no serían tan aéreos ni vaporosos como los de la alta sociedad, pero la crítica fijo que también lo observaría todo, y la feria de corazones se desarrollaría con la misma intensidad entre los árboles de las plazuelas que entre las lujosas paredes de aquel Casino.

Y llegamos como no puede ser de otra forma a . . Los toros, hasta no mucho, fueron los espectáculos centrales y los que más visitantes arrastraron a la feria salmantina. Desde finales del XIX hasta los años cuarenta o incluso cincuenta del siglo XX y a lo mejor algo más, toros y toreros  gozaron de un fervor semejante al que hoy tienen los partidos de la Roja.

Así se hablaba de los toros en 1886:
¿No podríamos dedicar hoy un párrafo igual de irónico al fervor futbolero?…

Que el público acudiera en masa a las corridas de toros no significa que no hubiera entonces . Y aquellos activistas de antaño eran más audaces que los de hoy, porque eran capaces de infiltrar su mensaje en los mismísimos programas de toros de las ferias.

Programa de toros de1956:

(imagen)


(imagen)

Después de los toros, era seguramente el que traía a Salamanca más visitantes de la provincia. Si actualmente los toros están de capa caída, el teatro tampoco es que vaya muy bien. No hace falta nada más que mirar a nuestro alrededor para ver cuántos de nuestros teatros resisten en pie. El Liceo y…ya. Bueno, está el CAEM para los musicales. Nuestros abuelos y bisabuelos tenían posibilidad de ver mayor variedad de compañías y más teatros. Los más veteranos el y el . A los que se unirían más tarde el , el , el .


(imagen)


(imagen)

En las ferias de 1913 vino a Salamanca la actriz , una tiple cómica que interpretó en el Bretón uno de los personajes de la opereta . A Peligros Pujol la describen los periódicos con cabellos rubios madrigalescos, linda y circunspecta.


(imagen)


A Peligros Pujol no le molesta en absoluto la incomodidad de los camerinos del Bretón, que ese año estaban en proceso de reforma. Y confiesa  a los reporteros salmantinos nada menos que “añora un mundo que aún no ha encontrado”…

No vamos a preguntarnos aquí cómo es posible que hace nada tiraran el teatro y todas sus historias. Seguramente la respuesta a esa pregunta es la misma que explicaría cómo es posible que años atrás tiraran en la cuesta del Carmen…


(imagen)
 

Hay y no han llegado hasta nosotros:

Las sesiones de al aire libre. Se celebraban en diferentes plazuelas públicas de la ciudad. La proyección se realizaba sobre alguna pared blanca de algún edificio de la plazuela.

Las que se colocaban en plazuelas de la ciudad. Un palo de varios metros de alturauntado de sebo, por el que los participantes debían ascender hasta llegar al final para conseguir el premio, que podía ser un jamón o un premio en metálico.

Diálogo sobre las cucañas publicado en 18 de septiembre de 1908:
Donde ya no están las cucañas es en el programa de nuestras ferias.

Tampoco han llegado hasta nosotros actividades tan curiosas como “ con premios en metálico para muchachos de 8 a 14 años” que se programaron en el año 1885, o un en la avenida de Mirat en 1907, o una curiosísima “” programada en 1942.

Por lo menos entre el año 1907 y 1914 el Ayuntamiento de la ciudad realizaba un extraño certamen: . Se publicaban las bases a finales de julio, y se concedía el premio en plenas ferias. Consistía en una dote que se entregaba a mujeres jóvenes a punto de casarse.

Dejando a un lado el machismo implícito en el concepto “dote”, hay otros

Bases del concurso:
No sé cómo las participantes justificarían “en debida forma” su estado saludable, su robustez y belleza, así como la salud de su futuro cónyuge, su robustez y su belleza. Ni cómo deliberaría el jurado para elegir a la robusta, saludable y bella joven ganadora. Lo que está algo más claro es que . Y no lo digo yo, lo dice Raquel Álvarez Peláez en su estudio “Origen y desarrollo de la Eugenesia en España”.

Al parecer el Ayuntamiento salmantino quería promocionar la unión entre jóvenes sanos y bien parecidos para favorecer el nacimiento de charros sanos, y guapetones. Estaría bien saber cómo de robustos y guapetones eran los miembros de la corporación municipal y los miembros del jurado de este premio…

Y entre concursos, carreras, teatros, toros, casetas y cabezudos llegamos al final de las ferias. Ya sólo nos queda .

(imagen)


El 21 de septiembre vuelve la fiesta. Salen los cabezudos, y hay corrida en la Glorieta. Salimos de paseo y sabido es que en Salamanca todos paseante pasa por la Plaza.

eran también una tradición de nuestras ferias. Hasta el punto de que los programas de ferias de principios del siglo XX recogían el tradicional paseo por la plaza como otro acto más de ferias.

Por la mañana el paseo comenzaba a las doce. Por la tarde, el paseo comenzaba después de la corrida. Las mujeres caminaban en un sentido y los hombres en el contrario. Los acerones exteriores para la gente joven, la zona cubierta para los mayores…

Salamanca, 21 de septiembre de 1913:
Y así termina nuestro viaje en el tiempo a las ferias de nuestros bisabuelos. Una pena que un siglo de distancia nos impida invitar a Juan de Salamanca a una cañita con bravas, en agradecimiento a lo bien que nos ha hecho de guía por entre el barullo de la feria Salmantina.


(imagen)

Loading...