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¬ŅQue son los retiros espirituales?

Fuente: Opiniones.
25 del 2 de 2013

La serie de d√≠as pasados de manera solitaria y consagrados a pr√°cticas de ascetismo, particularmente oraci√≥n y penitencia, y que llamamos retiro, es tan antiguo como la Cristiandad. Sin referirnos a las costumbres de los Profetas del Antiguo Testamento, los cuarenta d√≠as que Jesucristo pas√≥ en el desierto despu√©s de su bautismo es un ejemplo que ha encontrado a muchos imitadores en todas las √©pocas de la Iglesia. De esta imitaci√≥n surgieron la vida ermita√Īa y la instituci√≥n de los cenobitas. Los religiosos que buscaban la soledad de los desiertos o los monasterios, o en general aquellos que deseaban llevar una vida contemplativa se alejaban del mundo, con el fin de acercarse m√°s a Dios y aplicarse en llevar a cabo ejercicios de perfecci√≥n Cristiana. La ‚ÄúForma clero‚ÄĚ de Tronson, t. IV, ofrece numerosos textos de los Padres y escritores eclesi√°sticos, que recomiendan un retiro por al menos algunos d√≠as. De acuerdo a San Francisco de Sales (Tratado sobre el Amor de Dios, XII, cap. vii), la pr√°ctica del retiro fue especialmente restaurada por San Ignacio de Loyola. Podemos decir sin duda que en sus ‚ÄúEjercicios Espirituales‚ÄĚ San Ignacio ha combinado los m√©todos de reformar la vida de uno y buscar la voluntad de Dios en la soledad. La Sociedad de Jes√ļs fue la primera orden religiosa activa en la cual la pr√°ctica del retiro lleg√≥ a ser obligatoria por regla. San Francisco de As√≠s y sus primeros compa√Īeros ocasionalmente se retiraban a ermitas donde se dedicaban a orar y a mortificarse. San Ignacio prescribi√≥ a sus religiosos los ejercicios de treinta d√≠as como una experiencia indispensable antes de realizar sus votos. M√°s tarde se introdujo la costumbre de repetir este retiro de treinta d√≠as durante uno de los meses de la tercera prueba, y el uso de renovarlo en forma abreviada cada a√Īo durante ocho a√Īos fue establecido poco a poco. Esta costumbre obtuvo la fuerza de ley por decreto de la Sexta Congregaci√≥n General, llevada a cabo en 1608, adem√°s de ser imitada en otras √≥rdenes religiosas, y alentada por una Bula del Papa Pablo V, en 1606.

La Sociedad de Jes√ļs no reserv√≥ estos ejercicios para su uso exclusivo, sino que las daba a las comunidades y a los individuos. El santo Meter Faber en su ‚ÄúMemoriale‚ÄĚ afirma haberlas dado a los Grandes de Espa√Īa, Italia y Alemania, y haberlas usado para restaurar a cientos de conventos a su fervor inicial. Una carta de San Ignacio (3 de febrero de 1554) recomienda dar los ejercicios p√ļblicamente en las iglesias. Adem√°s, las casas de la Sociedad con frecuencia conten√≠an habitaciones para sacerdotes o laicos deseosos de llevar a cabo los ejercicios en privado. Ignacio, habiendo establecido esta costumbre durante su vida, uno de sus sucesores, Aquaviva, en 1599 exhort√≥ a los provinciales a mantenerla. Al estudiar la extensi√≥n de esta pr√°ctica no debemos dejar de reconocer la influencia de San Carlos Borromeo. El cardenal y los Jesuitas colaboraron con el fin de promover este tipo de apostolado. Como ferviente admirador y disc√≠pulo de los ‚ÄúEjercicios Espirituales‚ÄĚ, San Carlos las introdujo como pr√°ctica regular entre los cl√©rigos seglares por medio de retiros para seminaristas y candidatos a ordenarse. Construy√≥ en Mil√°n un asceterium, o casa destinada √ļnicamente para recibir a aquellos haciendo retiro, cuya direcci√≥n confi√≥ a los Oblatos. El celo de San Carlos tuvo efecto al alentar a los hijos de San Ignacio a que adoptaran definitivamente el retiro anual y a organizar externamente retiros colectivos de sacerdotes y laicos.

Otros dos santos continuaron la pr√°ctica. San Francisco de Sales, cuya veneraci√≥n por el Arzobispo de Mil√°n y sus obras es bien conocida, hizo los retiros, los alab√≥ y hizo que la Orden de la Visitaci√≥n, del cual era el fundador (Const. XLVI) se familiarizara con ellos. Despu√©s fue San Vicente de Paul, elegido por San Francisco de Sales, para que fuera el padre espiritual de la Visitaci√≥n en Par√≠s. √Čl era el organizador de los retiros eclesi√°sticos en Francia, cuyos planes ya hab√≠an sido propuestos en 1625, en la asamblea de cl√©rigos, por un cura de Normand√≠a, Charles Dodefroy, en una peque√Īa obra llamada ‚ÄúLe coll√®ge des saints exercises‚ÄĚ. San Vicente de Paul estableci√≥ retiros para los candidatos a ordenarse primero en Beauvais (1628), despu√©s en Par√≠s (1631). Se llevaban a cabo seis veces al a√Īo cuando √©l dirigi√≥ el Collage des Bons-Enfants. Pronto otros cl√©rigos adem√°s de los de la Di√≥cesis de Par√≠s fueron admitidos; y cuando Saint-Lazare fue adquirida (1634), esta casa recib√≠a indiscriminadamente a cl√©rigos, la nobleza y al pueblo para retiros. En tiempos de San Vicente alrededor de 20,000 personas hicieron retiros ah√≠. Pierre de B√©rulle, fundador de la congregaci√≥n del Oratorio, y Jean-Jacques Olier, fundador del Seminario del Santo Suplicio, secundaron este movimiento de reforma y santificaci√≥n. Desde mediados del siglo diecisiete, los estatutos sinodales prescribieron que los cl√©rigos deb√≠an hacer un retiro de vez en cuando. En ocasiones era obligatorio para aquellos que obten√≠an beneficios de la curaci√≥n de almas. En una palabra, el retiro fue desde entonces una costumbre establecida de los piadosos eclesi√°sticos. En 1663 M. de Kerlivio, quien conoc√≠a los excelentes resultados obtenidos en Saint-Lazare, fund√≥ una casa de retiro para varones en Vannes en Breta√Īa, con la cooperaci√≥n de P. Huby, S.J. Esta instituci√≥n tiene una importancia especial en la historia de los retiros, debido a que los reglamentos de Vannes en general eran la gu√≠a para los directores de las otras casas que establec√≠an los jesuitas. √Čstas estaban en Quimper, Rennes, Nantes, Rouen, Par√≠s, Dijon, Nancy y pronto en la mayor√≠a de las grandes ciudades de Francia. Con frecuencia, junto a la casa de retiro para varones, se constru√≠a uno para mujeres; al igual que en Vannes, gracias a la Venerable Catherine de Franceville, en Rennes, en Quimper, en Par√≠s, Nantes, etc. Con miras a organizar y facilitar los retiros para mujeres, se formaron, particularmente en Breta√Īa, congregaciones de Damas del Retiro que a√ļn existen.

Francia no era el √ļnico pa√≠s en tener casas de ejercicios. Se establecieron en M√ļnich y Praga (Alemania, hoy Rep√ļblica Checa); en Barcelona y Gerona (Espa√Īa); en Roma, Perugia, Ancona y Mil√°n (Italia); en Palermo, Alcamo, Mazzara, Termini, Messina, etc. (Sicilia); en Vilna (Polonia); en la Cd. de M√©xico y Puebla (M√©xico). La enumeraci√≥n en necesariamente incompleta; debe incluir tambi√©n pa√≠ses misioneros, Canad√°, Chile, China, etc. Tampoco fueron los jesuitas los √ļnicos en ocuparse en los retiros: los Franciscanos, Benedictinos, Lazaristas, Eudistas, Oratorianos, Pasionistas, Redencionistas y otros los llevaban a cabo de manera devota. Pero la supresi√≥n de la Sociedad fue un golpe mortal de los trabajos en muchos pa√≠ses. En Breta√Īa, tierra cl√°sica de retiros, varios religiosos y principalmente sacerdotes, continuaron este ministerio de los jesuitas. En Franche-Comt√© un santo cura, el Venerable Antoine Recevour, organiz√≥ la Congregaci√≥n del Retiro Cristiano para asegurar a los hombres y mujeres los beneficios de los ejercicios espirituales. En Italia, el Venerable Bruno Lanteri instituy√≥ una sociedad de sacerdotes, los Oblatos de la Bendita Virgen Mar√≠a, quienes se ocupaban √ļnicamente de retiros. San Alfonso Liguori, quien desde su juventud hab√≠a seguido los ejercicios entre los Jesuitas o entre los Lazaristas, no pod√≠a descuidar esta forma de apostolado. Lo adopt√≥ como una de sus propias pr√°cticas y la prescrib√≠a a la Congregaci√≥n del Sant√≠simo Redentor. As√≠ los Redencionistas mantuvieron la costumbre de los retiros en los Reinos de N√°poles y Sicilia durante la segunda mitad del siglo dieciocho. En Argentina y Paraguay los retiros continuaron gracias a la extraordinaria iniciativa de Maria-Antonia de San Jos√© de la Paz (1730-1799). Ayudada por varios sacerdotes y varias √≥rdenes religiosas, tuvo √©xito en que casi 100,000 personas asistieran a retiros.

Los retiros eclesi√°sticos anuales comenzaron como cosa general en Francia y en otros pa√≠ses en 1815. Numerosos promotores de estos retiros proven√≠an de los rangos del clero secular as√≠ como de las √≥rdenes regulares. Un gran n√ļmero de directores participan anualmente ofreciendo retiros a las comunidades religiosas. Varias instituciones desempe√Īan ejercicios completos de veinte a treinta d√≠as. Pero no s√≥lo hab√≠a retiros sacerdotales o conventuales; los hab√≠a para los fieles, agrupados en las parroquias o en congregaciones, hermandades, √≥rdenes terciarias, etc. As√≠ los retiros son llevados a cabo para empleados, trabajadores, maestros, conscriptos, sordomudos, etc. Tambi√©n podemos mencionar que se llevan a cabo retiros al final de un curso de estudios, establecido en la Universidad de San Acheul en Amiens en 1825, el cual, distribuido por grados, llev√≥ a la organizaci√≥n de retiros entre el alumnado, una costumbre que ha llegado a ser bastante general. No ha faltado la cooperaci√≥n en esta gran obra de regeneraci√≥n: los obispos han abierto sus seminarios a los laicos, la nobleza Cristiana ha prestado sus castillos; las √≥rdenes religiosas ‚ÄďBenedictinos, Cistercianos, Cartusianos, Dominicos, Franciscanos, Lazaristas, Eudistas, Redencionistas, Pasionistas, La Sociedad de Mar√≠a, Los Hermanos de San Vicente de Paul, y los Hermanos de las Escuelas Cristianas, todos ellos promovieron los retiros, ya sea proporcionando lugares adecuados para ese fin, o trabajando como directores de retiros. Tan solo los jesuitas pose√≠an doce casas de ejercicios en territorio franc√©s antes de 1901; ahora tienen siete en B√©lgica y otras en Espa√Īa, Austria, Italia, Holanda, Inglaterra, Canad√°, Estados Unidos, Colombia, Chile y varios otros pa√≠ses de Am√©rica, al Norte y al Sur. Han establecido casas en Australia, China, India, Ceil√°n y Madagascar. Adem√°s de las congregaciones bretonas ya mencionadas, se han formado nuevas sociedades especialmente dedicadas a retiros para mujeres, tales como Notre Dame du Cenacle y Marie Reparatrice.

Los retiros para laicos se han extendido en gran medida a lo largo del mundo Cat√≥lico durante los √ļltimos veinticinco a√Īos. Un Jesuita franc√©s, P√®re Henry, fue pionero en este gran resurgimiento. En 1882 se dio a la tarea de instituir retiros para los hombres de trabajo, y no pas√≥ mucho tiempo para que se fundaran casas dedicadas a este prop√≥sito en toda Europa. Durante 1908, s√≥lo en B√©lgica se ofrecieron 243 retiros, a los cuales asistieron 10,253 personas, y desde 1890 en ese pa√≠s al menos 100,000 personas pertenecientes a la clase trabajadora y alrededor de 25,000 hombres profesionistas y de negocios han participado en retiros. Francia, Alemania, Holanda y otros pa√≠ses europeos tambi√©n han extendido estos trabajos con resultados gratificantes. En una casa en Francia, Notre Dame du Haut-Mont, m√°s de 30,500 hombres han hecho retiro en los √ļltimos veinticinco a√Īos. Inglaterra e Irlanda se han unido al movimiento y en este momento participan en organizaciones de retiros, al igual que Canad√°. En los Estados Unidos ha habido una generosa respuesta al movimiento, y se ha fundado una casa de retiro en Staten Island, Ciudad de Nueva Cork (1911).

La razón principal del éxito de estos retiros, llamados de claustro para distinguirlos de los retiros parroquiales que están abiertos a todos, es la necesidad misma. En la afiebrada y agitada vida moderna, la necesidad de meditación y calma espiritual se imprime en las almas cristianas que desean dirigir su destino eterno y sus vidas en este mundo hacia Dios.

PAUL DEBUCHY.
Transcrito por Douglas J. Potter
Traducido por Lucía Lessan
Dedicado al Corazón Inmaculado de la Bendita Virgen María


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